Lucas Boyé eleva el estandarte del trabajo subterráneo
Miércoles, 22 de octubre del 2025 a las 15:04
El trabajo populista del delantero suele asociarse al gol, a la cifra que deslumbra y marca tendencia en los resúmenes y analistas de bajo perfil. Pero en Vitoria, en las últimas jornadas, se está gestando una excepción con nombre y acento argentino. Lucas Boyé, que llegó entre dudas y silencios, ha transformado su fútbol en un manifiesto de compromiso y crecimiento. No hablamos de lo que fue, sino de lo que está siendo: un delantero en plena madurez que ha pasado de buscar su sitio a convertirse en el epicentro ofensivo del Deportivo Alavés.
Frente al Valencia volvió a ofrecer una actuación de altísimo nivel, a la que solo le faltó el gol. Boyé fue el ancla y el faro del ataque, un jugador solidario que entendió cada fase del juego. Se movió con inteligencia, descargó balones, aguantó duelos imposibles y, sobre todo, interpretó los tiempos del partido con una madurez que habla de un futbolista en plenitud. Su impacto va más allá del marcador: contagia energía, equilibra al equipo y multiplica la presencia ofensiva con cada apoyo.
Su crecimiento ha sido progresivo. Tras perderse parte de la pretemporada y debutar tarde, Boyé ha ido aumentando ritmo, confianza y peso en el once. Hoy se ha convertido en un fijo para Coudet, que valora su capacidad para sostener el juego y convivir con Toni Martínez en un sistema que potencia las virtudes de ambos. El Alavés ha ganado agresividad, profundidad y una identidad más sólida gracias a su trabajo incansable.
Quizá aún no sea el momento de medirlo por los goles, sino por la influencia que ejerce en cada jornada. Porque lo que Boyé está construyendo en este inicio de temporada no es una simple racha: es la irrupción de un líder se ha adueñado del corazón futbolístico de Mendizorroza. Si lo condimenta con goles, puede evolucionar a delantero total.