Gerard Moreno desafía a su propia anatomía

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 26 de octubre del 2025 a las 14:38

Gerard Moreno vive en una eterna batalla contra su propio cuerpo. El capitán del Villarreal ha pasado los últimos dos años más tiempo entre fisioterapeutas que sobre el césped, víctima de una secuencia interminable de lesiones musculares que han puesto a prueba su resistencia física y mental. Isquiotibiales, sóleo, gemelo... el catálogo de dolencias habla de un futbolista castigado por su propio físico, cuya exigencia competitiva ha superado con frecuencia los límites que su anatomía le permite. Desde el verano de 2022 hasta hoy, acumula más de trescientos días de inactividad repartidos en más de una docena de parones, una cifra que habría minado la moral de cualquiera, pero no la suya. Gerard siempre vuelve.

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Y cuando lo hace, lo hace como si nunca se hubiera ido. El catalán ha enlazado ya dos titularidades consecutivas en Liga, ante Real Betis y Valencia, dejando la sensación inequívoca de que su presencia eleva el nivel del Villarreal. Su rendimiento es inmediato: aporta pausa en la transición, genera ventajas con su lectura del espacio y devuelve al equipo esa capacidad para dañar con inteligencia. En Mestalla, además, firmó el gol de penalti que él mismo provocó y que abrió la victoria amarilla en su partido número 300 con el club, un gesto tan simbólico como necesario para un líder que vuelve a sentirse parte esencial del proyecto.

Marcelino lo sabe: tener a Gerard en forma significa tener medio camino recorrido. Su desafío ahora es mantenerse sano, sostener esa llama sin que el cuerpo vuelva a quebrarse. Porque cada regreso del delantero no solo habla de recuperación, sino de una fe inquebrantable en seguir compitiendo contra el tiempo, la fatiga y los músculos que tantas veces lo traicionaron. En esa lucha contra sí mismo, Gerard Moreno no se rinde: simplemente, desafía a su propia anatomía.