Gayà recoge el brazalete del suelo

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Sábado, 22 de noviembre del 2025 a las 02:33

Hace apenas unas semanas, José Luis Gayà atravesaba uno de los tramos más duros de su carrera reciente. El capitán del Valencia, referencia emocional de Mestalla en temporadas anteriores, había arrancado el presente curso con un rendimiento inesperadamente bajo: partidos sufridos, críticas negativas y una sensación extraña, como si la conexión con la afición se hubiese roto por completo. Incluso llegó a perder la titularidad durante una jornada, en un golpe simbólico que reflejaba mejor que nada su desconexión momentánea con el equipo y consigo mismo. El brazalete, metáfora perfecta, parecía haberse deslizado hacia el césped, lejos de su posesión.

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Pero el fútbol vive en giros repentinos, en pulsos que laten con cada jornada, relacionados siempre con los resultados, y Gayà ha decidido responder. El Valencia empezó a mejorar colectivamente: más sólido, más intenso, más reconocible y, casi en paralelo, el capitán recuperó pulso, voz y presencia. En los últimos partidos, su figura ha crecido como solo crecen los jugadores que entienden el peso de la historia que llevan en el brazo.

El primer síntoma apareció ante el Betis: un partido firme, serio, ordenado, de los que levantan gritos de ánimo de quienes saben lo que significa el valencianismo. Gayà se reencontró con el ritmo, con la confianza, con esas conducciones que empujan a todo el equipo hacia delante, limitando a un Antony que venía iluminando baldosas. Y la confirmación llegó en el derbi ante el Levante. Allí, en un Mestalla lleno de nervios y orgullo, el capitán firmó su mejor actuación de la temporada: se mostró seguro ante un Levante que jugó sin extremos puros, mantuvo la portería a cero y regaló la asistencia perfectamente medida que Hugo Duro convirtió mediante una chilena en el gol de la victoria y, probablemente, en uno de los goles de la temporada. Una jugada que encendió la grada como las noches grandes.

Ese día, Gayà no solo recuperó sus constantes vitales. Recolectó el brazalete del suelo, lo tensó en su brazo y recordó a todos, y quizá también a sí mismo, que su lugar está en casa, liderando, empujando, sintiendo. En un equipo que vuelve a levantarse como bien reza su grito de guerra, su capitán también ha regresado. Y con él, una parte del alma de un Mestalla indestructible.