Yaser Asprilla, fichaje de Cárcel
Domingo, 07 de diciembre del 2025 a las 16:45
Hubo un tiempo no tan lejano en que el Girona convertía cada movimiento de mercado en oro. La alianza con el Grupo City y el buen pulso de Quique Cárcel trajeron a Montilivi a Sávio, Yan Couto, Yangel Herrera, Eric García, Aleix García o Artem Dovbyk, nombres que hoy ya no visten de rojiblanco. Aquella generación llevó al club a pasearse por Europa, a competir sin complejos en la Champions y a colocarse en un escaparate reservado para gigantes. Fue el mercado que hizo grande al Girona, el que sostenía titulares de ambición y un futuro brillante. Pero la magia se desvaneció, la plantilla se desmontó pieza a pieza y lo que llegó después se parece más a un rompecabezas sin solución que a una estrategia de alto nivel.
En esa nueva etapa aparece Yáser Asprilla, acompañado por apuestas como Bojan Miovski, Abel Ruiz y otros fichajes que hoy cargan el peso de decisiones que empiezan a cuestionarse. Llegaron como billetes de primera clase hacia el porvenir, símbolos de un club que se creía preparado para asentarse en la élite sin mirar atrás. Pero la figura del colombiano destaca por encima del resto: no solo por el aura de futbolista llamado a marcar diferencias, sino por los casi veinte millones invertidos en él. Una cifra altísima para una entidad que hace nada peleaba en Segunda. Un año y medio después, Asprilla sigue esperando su tren, detenido en el mismo andén, contemplando el protagonismo desde lejos.
En Colombia aún confían en que sea ese jugador que imaginaban. En Girona, el guion ha sido otro: inversión de élite, rendimiento mínimo. Su adaptación ha sido tan dura que aún parece buscarse a sí mismo, como si no hubiera encontrado el equipaje que traía en forma de talento. El mediapunta que debía encender partidos avanza sin brillo, atrapado en un aeropuerto del que no termina de despegar.
Las estadísticas hablan sin tapujos. Tras una primera temporada discreta, esta segunda amenaza con condenarle definitivamente. Este domingo, en el Martínez Valero, tuvo su sexta titularidad por la baja de Ounahi y volvió a diluirse: 65 minutos ante el Elche y al banquillo por pura lógica. Intervino poco, jugó hacia atrás demasiado y evitó riesgos como si tuviera prohibido equivocarse. Cada balón que no se atreve a atacar es un recordatorio de lo que debería ser y aún no es. El partido frente al Elche fue otro capítulo de una ineficacia que ya se vuelve rutina. Titular por necesidad, sustituido por coherencia. Ni un destello, ni una acción que despierte ilusión. Asprilla apenas genera una brisa tibia que no altera nada. La paciencia se estrecha. El tiempo avanza. Y el relato empieza a fijarse: el fichaje llamado a ser bandera pesa hoy como una carga.
Hay jugadores que elevan un club y otros que obligan a agachar la mirada. De momento, Asprilla camina hacia el segundo grupo. Y en esa operación, de 18 millones de euros, se percibe mucho de Cárcel y muy poco de acierto. Una ironía que, en Girona, ya no provoca ni media sonrisa.