Luís Castro, arquitecto de riesgo: fútbol ofensivo para cambiar la inercia del Levante

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 21 de diciembre del 2025 a las 19:40

Luís Castro (1980) llega al Levante UD como una figura poco común en el mercado de urgencias: un entrenador identificado no tanto por los resultados inmediatos como por una idea fuerte. A sus 45 años, el técnico portugués representa una escuela de pensamiento clara: fútbol propositivo, posesión con sentido, presión alta y convicción en la construcción desde atrás. No es un gestor del miedo, sino un técnico de riesgo calculado.

Su etapa en las categorías inferiores del Benfica marcó su ADN. Entre 2019 y 2023 dirigió juveniles, sub-23 y Benfica B, convirtiéndose en uno de los grandes formadores del club lisboeta. Allí consolidó un modelo de ataque posicional, transiciones rápidas tras pérdida y un énfasis absoluto en el desarrollo individual. El triplete logrado con el sub-19 en la temporada 2021/22 (Liga, Youth League y Taça Intercontinental) no fue solo una hazaña competitiva, sino la confirmación de un estilo dominante, reconocible y exportable. Nombres como João Neves, Gonçalo Ramos o António Silva crecieron bajo un marco que priorizaba el talento dentro de una estructura.

Ese ideario se trasladó a su primera gran experiencia sénior en el USL Dunkerque. Con uno de los presupuestos más bajos de la Ligue 2, Castro no renunció a su propuesta. Al contrario: elevó al equipo desde la zona de descenso hasta convertirlo en aspirante al ascenso, con una seña táctica que llamó la atención en toda Europa: línea defensiva muy alta y una trampa del fuera de juego trabajada hasta el extremo. Dunkerque vivía lejos de su área, presionaba en campo rival y atacaba con y sin balón. El resultado fue una identidad fuerte, una semifinal de Coupe de France y la sensación de que el modelo podía competir incluso en contextos humildes.

Su breve paso por el Nantes en Ligue 1 evidenció, sin embargo, los límites del idealismo en escenarios de máxima exigencia. El intento de implantar su fútbol ofensivo chocó con la urgencia clasificatoria y una plantilla poco adaptada, derivando en su destitución. Pero incluso allí, Castro no renegó de su credo: “Quiero atacar, con o sin balón”, llegó a declarar.

Ese mismo discurso es el que aterriza ahora en Orriols tras la salida de Julián Calero. El contraste es evidente. Del pragmatismo defensivo y reactivo se pasa a una apuesta por dominar, asumir riesgos y construir una identidad. En plena lucha por la permanencia, el reto es mayúsculo: acelerar la asimilación sin romper el equilibrio. Si lo logra, el Levante no solo puede encontrar puntos, sino algo más duradero: un rumbo.