Un nuevo Levante devora al Sevilla
Domingo, 04 de enero del 2026 a las 16:27
En la grisácea tarde del 4 de enero de 2026, el Ramón Sánchez-Pizjuán fue testigo de una de esas derrotas que trascienden el marcador y quedan grabadas en el orgullo sevillista. No hubo ni accidente, sino una contundente caída desnuda y dolorosa. El Sevilla, anfitrión y teórico favorito, fue arrollado por un Levante colista que estrenaba técnico y modelo de juego. El 0-3 final expuso sin contemplaciones las grietas nervionenses: posesión inofensiva, fragilidad defensiva y una alarmante ausencia de colmillo.
El primer tiempo se desarrolló en un equilibrio tramposo. El equipo de Matías Almeyda monopolizó el balón, pero lo hizo sin filo, sin desborde, sin alma. El Levante aguardó, ordenado y paciente, hasta encontrar su momento. Llegó justo antes del descanso, en el 45+2, cuando Iker Losada, cedido por el eterno rival como si de un calculado plan de mercado se tratara y desempolvado para la ocasión, culminó una pared exquisita con Iván Romero y cruzó el disparo ante Vlachodimos. El estadio enmudeció. Fue un golpe seco, de esos que no solo hieren el marcador, sino la confianza colectiva.
La segunda parte se convirtió en un ejercicio de impotencia local. El Sevilla empujó sin claridad y chocó una y otra vez contra Mathew Ryan, monumental bajo palos, capaz de sostener a los suyos con intervenciones decisivas. Los granotas, fieles a su plan, esperaron el error. En el 76, Carlos Espí culminó un contragolpe letal tras asistencia del Comandante Morales. El Sánchez-Pizjuán empezó a asumir lo inevitable y las miradas volvieron a dirigirse al palco de Junior.
El desenlace fue aún más cruel. En el 90+4, Carlos Álvarez, canterano sevillista, firmó el tercero sin celebrar, como quien pide perdón por hacer su trabajo. Y aún hubo tiempo para más castigo: Isaac Romero falló un penalti en el descuento, detenido por Ryan, y erró también el rechace, firmando la catástrofe en clave sevillista. La grada, empapada por la lluvia y el desencanto, estalló en bronca al pitido final.
Luís Castro debuta con una victoria rotunda que devuelve el pulso al Levante y le permite abandonar el farolillo rojo. En Nervión, en cambio, el 2026 arranca con una herida profunda. No fue solo una derrota. Fue una losa incómoda. Y el Sevilla, ante su gente, no supo reconocerse.