Corberán y Dimitrievski, entre lo profesional y lo personal

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Viernes, 09 de enero del 2026 a las 04:06

La lesión de Julen Agirrezabala, confirmada este lunes por el Valencia CF, no solo abre un vacío en la portería durante las próximas cuatro o cinco semanas. También destapa, de forma inevitable, una de las relaciones más complejas y delicadas del vestuario: la que une, y separa, a Carlos Corberán y Stole Dimitrievski. En un momento límite de la temporada, con el descenso al acecho, el fútbol vuelve a forzar encuentros que la gestión emocional preferiría evitar.

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Desde lo estrictamente profesional, la lógica invita a señalar al guardameta macedonio como el relevo natural de Julen. Dimitrievski ha sido el portero de la Copa del Rey, participó en las dos primeras rondas ante Maracena y Cartagena y, más allá de una lesión puntual que le impidió jugar los dieciseisavos frente al Sporting, ha respondido siempre que el contexto se lo ha permitido, con profesionalidad. Con experiencia, jerarquía y minutos recientes en competición oficial, su perfil encaja con la exigencia inmediata que reclama el calendario inmediato y las bajas por lesión.

Sin embargo, el Valencia no vive únicamente de decisiones técnicas. Corberán ha demostrado en el pasado que la gestión de grupo y los antecedentes personales pesan tanto como el rendimiento. El precedente de Dani Raba, apartado del once durante semanas tras un conflicto interno durante el partido de comienzos de temporada en El Sadar, planea como una sombra incómoda. Dimitrievski ha protagonizado episodios de tensión pública, declaraciones incómodas en su país y un desgaste evidente en su relación con el cuerpo técnico al verse engañado y decepcionado con las promesas cuando fichó. Elegirlo ahora supone separar el orgullo del escudo, una frontera que no siempre resulta sencilla para el entrenador y el jugador.

Y en la recámara, Cristian Rivero. Una apuesta de riesgo, de club y de futuro, que ha renovado recientemente, pero también una decisión que podría interpretarse como un mensaje interno hacia el macedonio. Aun así, en una portería castigada por la urgencia, el margen para experimentos es mínimo en un contexto peligroso.

El Valencia camina sobre el alambre. Y en ese equilibrio inestable, Corberán deberá decidir si prima la profesionalidad por encima de las cicatrices personales. Al final, el fútbol siempre termina colocando a cada uno frente a su propio reflejo.