Arrasate suspende frente a la pizarra de Íñigo

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 11 de enero del 2026 a las 16:23

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El fútbol y la docencia no entienden de jerarquías eternas y, en Vallecas, Jagoba Arrasate comprobó que el bagaje no garantiza el aprobado cuando el examen se rinde sobre el césped. Íñigo Pérez, que fue futbolista a sus órdenes en Osasuna, le ganó desde la pizarra un partido exigente, cargado de matices tácticos, lectura emocional y resistencia competitiva. El Rayo Vallecano, necesitado pero meticuloso, encontró por fin una recompensa que llevaba semanas persiguiendo, no tanto desde el resultado como desde la convicción.

El arranque fue una declaración de intenciones tan clara como devastadora. Apenas cuatro minutos bastaron para confirmar que el plan franjirrojo pasaba por atacar los espacios con decisión y sin concesiones. Arrasate dispuso un bloque prudente, con Antonio y Maffeo por la derecha y Lato y Mojica por la izquierda, pero ese planteamiento quedó desbordado de inmediato. Mendy encontró profundidad, Álvaro García interpretó el tiempo del desmarque y Jorge de Frutos culminó la acción con la naturalidad de quien entiende el juego desde la llegada. El tanto liberó al Rayo y obligó al Mallorca a recomponerse desde la pausa, el control y el juego aéreo, mientras De Frutos, cada vez más asentado, sigue señalando al Mundial.

El conjunto bermellón creció con balón y encontró el empate a la media hora. Toni Lato ajustó un centro al segundo palo y Vedat Muriqi, sostén ofensivo casi exclusivo del equipo, impuso su ley en el área con un remate inapelable. El pirata desafió a los bucaneros, volvió a demostrar que su presencia condiciona cualquier escenario de exigencia física y, durante algunos minutos, el Mallorca equilibró el duelo desde el colmillo y la insistencia.

La balanza, no obstante, se inclinó nuevamente hacia el bando local antes del descanso en una acción controvertida. Un balón colgado, un contacto interpretado como punible y la intervención del VAR desembocaron en penalti. Isi Palazón ejecutó con seguridad y devolvió la ventaja a un Rayo que entendió entonces que el partido requería otra lectura menos ambiciosa.

La segunda mitad fue un ejercicio táctico sostenido, una partida de ajedrez entre dos entrenadores con planes opuestos. Uno, midiendo riesgos para proteger la ventaja; otro, forzando el contexto hasta el límite. La expulsión de Óscar Valentín obligó a los locales a replegarse y administrar cada posesión como si fuera definitiva. El Mallorca empujó, acumuló centros y generó incertidumbre, pero se topó con un Rayo ordenado, solidario y sostenido por Batalla y una defensa firme. El pitido final certificó algo más que tres puntos: confirmó la superioridad del plan local y dio aire a un Rayo que necesitaba una victoria. El Mallorca, por su parte, sigue hundiéndose entre la mediocridad y un entrenador que parece vivir fuera de su ecosistema natural.

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