Giráldez soltó a los velocirraptores

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 18 de enero del 2026 a las 20:54

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No atacan de frente. Nunca lo hacen. Primero observan, miden la distancia, detectan la debilidad. Y cuando la presa cree estar a salvo, el golpe llega desde un costado. Así cazan los velocirraptores. Y así ganó el RC Celta de Vigo de Claudio Giráldez en Balaídos: sin precipitarse, sin amenazas previas, destrozando al Rayo Vallecano exactamente por donde más duele, las bandas.

El partido comenzó con equilibrio y advertencias mutuas. El Rayo quiso incomodar desde arriba y tuvo una ocasión clara con Jorge de Frutos, abortada por una salida decisiva de Radu. El Celta respondió con paciencia, moviendo al rival de lado a lado, ensanchando el campo como quien estira una defensa antes del zarpazo. Batalla sostuvo a los suyos ante Bryan Zaragoza, pero la grieta ya estaba localizada.

El primer golpe llegó en el minuto 40 y no fue casual. Ataque por el carril derecho, llegada profunda, rechace suelto y Sergio Carreira, carrilero, culminando desde segunda línea. Flanco abierto, presa herida. El 1-0 fue más que un gol: fue la confirmación del plan.

Tras el descanso, el Celta insistió en la misma zona de caza. En el 54’, otra acción nacida desde fuera hacia dentro acabó en un penalti del Pacha Espino, que jugaba a pierna cambiada, tan discutido como decisivo. Bryan Zaragoza, extremo, asumió la responsabilidad y engañó a Batalla para firmar el 2-0. Dos goles, dos ataques laterales. El patrón era evidente.

El partido terminó de romperse en el 66’, cuando Nobel Mendy fue expulsado tras una entrada durísima sobre Swedberg revisada por el VAR. Con superioridad numérica, el Celta ya no necesitó disimular. Encontró espacios, aceleró cuando tocaba y volvió a golpear por fuera. En el 79’, transición por banda, nuevo rechazo de Batalla y Javi Rueda, el otro carrilero, cerró el círculo.

Tres goles. Dos carrileros y un extremo. Ninguno frontal. Giráldez no soltó a los velocirraptores para chocar: los soltó para rodear, observar y atacar desde el flanco. Balaídos lo entendió desde el primer aullido. Y el Rayo lo sufrió hasta el final.

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