Zaid Romero, contundencia zurda para la zaga azulona

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Martes, 20 de enero del 2026 a las 04:38

En un fútbol cada vez más dominado por la urgencia y el impacto inmediato, el fichaje de Zaid Romero por el Getafe CF se explica desde una lógica coherente analizando el contexto en el que se ha movido la plantilla del conjunto azulón esta temporada. Romero aterriza en el Coliseum para aportar orden, oficio y una especialización que el Getafe llevaba tiempo resolviendo: un perfil zurdo para el eje de la defensa.

DEF

Formado en el rigor competitivo del fútbol sudamericano y madurado en escenarios de alta exigencia europea, Romero representa un perfil reconocible y valioso: central zurdo, 1,92 metros, físico dominante y lectura sobria del juego. Su recorrido, desde los primeros pasos en Argentina hasta la consolidación en Estudiantes de La Plata, explica su ADN competitivo. En La Plata fue algo más que un defensor: ganó títulos, asumió responsabilidad en partidos grandes y dejó la imagen de un central fiable, fuerte en el duelo y con jerarquía en su zona.

El salto a Europa, de la mano del Club Brugge, le aportó contexto y aprendizaje. Bélgica le exigió adaptación táctica, velocidad de decisión y convivencia con la competencia interna. No tuvo continuidad plena, pero sí sumó experiencia en competiciones europeas y levantó trofeos que enriquecen su currículum. Esa etapa, más formativa que protagónica, desemboca ahora en una cesión que tiene sentido para todas las partes: minutos para el jugador, refuerzo funcional para el Getafe y ausencia de riesgo estructural para el club.

Desde el punto de vista futbolístico, Romero encaja con naturalidad en el ideario de José Bordalás. No es un central de conducción larga ni un lanzador creativo que rompa líneas con el primer pase, pero sí un defensor que entiende el valor del espacio, protege el área con determinación y gana duelos que sostienen partidos. Su juego se construye desde la contundencia medida, desde la fiabilidad, desde esa capacidad para hacer que el equipo se sienta cómodo incluso cuando el contexto aprieta.

En ese marco aparece uno de los elementos clave de su llegada: la competencia interna. Romero se incorpora a una zaga en la que ya conviven perfiles consolidados como Domingos Duarte y Djené, además del reciente fichaje de Sebastián Boselli y el lesionado Abdel Abqar. Lejos de ser un obstáculo, ese contexto competitivo define el escenario real que Bordalás busca: centrales preparados para alternarse, competir y sostener un sistema que vive del esfuerzo colectivo.

Sin embargo, Romero aporta un matiz diferencial que lo separa del resto: su perfil zurdo natural. Hasta ahora, cuando el Getafe se quedaba sin efectivos en el eje, Diego Rico —lateral izquierdo de formación— había tenido que reubicarse como central zurdo. Una solución funcional, pero circunstancial, que obligaba a alterar dos piezas para corregir una sola baja. Con la llegada de Romero, esa necesidad desaparece. El argentino pasa a ser el especialista del perfil zurdo en la defensa, permitiendo que Diego Rico se mantenga en su demarcación natural y dotando a la línea de una estructura más coherente, más estable y menos improvisada.

Pero no todo son certezas. Romero deberá adaptarse al ritmo de LaLiga, a delanteros más móviles y a escenarios de transición rápida que pueden exponer sus limitaciones en velocidad y de más nivel que en el fútbol belga. También necesitará continuidad para ajustar tiempos y automatismos tras una etapa de minutos intermitentes. Pero el Getafe no le exige que transforme la defensa; le pide que la estabilice. Que cumpla. Que sostenga y que cubra la zona cuando haya bajas sin necesidad de utilizar parches o jugadores del filial.

Y en ese verbo, cumplir, Zaid Romero ha construido su carrera. No viene a destacar, viene a ser fiable. En un equipo que hace del orden una virtud y de la resistencia un método, ese perfil no solo encaja: resulta imprescindible.