El Real Madrid se reviste con cerámica
Domingo, 25 de enero del 2026 a las 07:10
En el Estadio de la Cerámica, entre campos de naranjos y fábricas de azulejos, el Real Madrid se impuso por 0-2 en la jornada 21 de LaLiga EA Sports, en una victoria que simboliza algo más que tres puntos: los blancos se revistieron de la solidez de la cerámica local, impermeables atrás, sobrios en las formas y cada vez más reconocibles en su conducta competitiva. El equipo de Álvaro Arbeloa sumó su tercera victoria consecutiva y durmió como líder provisional con una autoridad serena.
El partido arrancó con tensión inmediata. En el primer minuto, Foyth vio la amarilla por derribar a Mbappé en la frontal mientras el Villarreal, ambicioso, quiso gobernar desde la posesión y reclamó un posible penalti sobre Parejo en el 5’. La ocasión más clara del primer acto llegó en el 15’, cuando un error de Camavinga dejó a Gerard Moreno solo ante Courtois, pero el belga reaccionó con una recuperación in extremis. Mikautadze y Buchanan también amenazaron entre el 17’ y el 20’, hasta que la lesión de Foyth obligó a introducir a Rafa Marín, rompiendo el equilibrio defensivo local.
El Madrid, fiel a su plan, esperó su momento. Arda Güler probó desde lejos en el 24’ y Mbappé remató centrado tras una pared con Vinicius en el 27’. El brasileño rozó el gol en el 39’ con un disparo cruzado, mientras que Gueye respondió con un zurdazo que pasó cerca del poste al filo del descanso.
Nada más reanudarse el juego llegó el golpe decisivo. En el 47’, Vinicius desbordó por la izquierda, centró atrás y el mal despeje de Gueye dejó el balón muerto para Mbappé, que definió con instinto de depredador mientras al campeón africano se le tragaba la tierra. El Villarreal tuvo su oportunidad de regresar al partido: Gerard Moreno falló dos ocasiones claras entre el 55’ y el 62’, una de ellas rozando el travesaño.
El tramo final estuvo marcado por cambios, alguna polémica por manos no señaladas y la gestión madura del Madrid. Ya en el añadido, Mbappé forzó un claro penalti de Pedraza y lo transformó a lo Panenka, sellando el 0-2. Courtois apenas fue exigido: la cerámica blanca, esta vez, no se resquebrajó. El Madrid se fortalece, se embellece y avanza sin ruido, cada vez más sólido en su nueva identidad.