Acrobacias bajo la lluvia

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 25 de enero del 2026 a las 18:40

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El FC Barcelona regresó al Camp Nou tras 43 días de ausencia y lo hizo bajo una lluvia persistente que convirtió el césped en un territorio resbaladizo, más propicio para el error que para la épica. Frente a un Real Oviedo ordenado y disciplinado, el líder se encontró durante muchos minutos con un partido espeso, de posesión dominante pero escasa profundidad, como si el agua hubiera diluido la claridad habitual del juego azulgrana.

El primer tiempo fue un ejercicio de paciencia. Raphinha comenzó agitando el encuentro desde la derecha con centros que no encontraron destinatario, mientras el Oviedo aguardaba con líneas juntas y salidas esporádicas. En el 18’, un disparo lejano obligó a Ter Stegen a intervenir con reflejos, recordando que la resistencia también podía morder. Lamine Yamal probó desde la frontal en el 22’, Olmo lo intentó de falta directa en el 28’, y en el 35’ llegó la ocasión más clara: Lewandowski cabeceó un centro de Balde y Escandell respondió con una estirada notable. El descanso llegó con un 0-0 que premiaba la solidez asturiana más que la insistencia culé.

Todo cambió tras el intermedio. En el 52’, un pase atrás defectuoso de la zaga visitante fue interceptado por Dani Olmo, que definió con frialdad al palo largo. Cinco minutos después, otro error en la salida permitió a Raphinha robar y resolver con un disparo seco que rompió definitivamente el partido. El Oviedo, hasta entonces firme, se descompuso en apenas un suspiro.

La sentencia llegó en el 73’ con una acción que justificó el título del encuentro. Lamine Yamal, dentro del área, se acomodó el balón y ejecutó una chilena perfecta, una acrobacia suspendida en el aire que se coló por la escuadra como si la lluvia hubiera detenido el tiempo. Un gol de belleza incontestable.

El tramo final fue de administración tranquila, con el Barça controlando y el Oviedo buscando sin fe el gol del honor. Tres golpes en la segunda parte bastaron para resolver un partido que, hasta entonces, había sido más de resistencia que de espectáculo. Pero bajo la lluvia, el fútbol también admite acrobacias.

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