Lucas Beltrán, el primer defensa de Corberán

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Lunes, 26 de enero del 2026 a las 16:21

Lucas Beltrán ha terminado por convertirse en una anomalía funcional dentro del Valencia de Carlos Corberán. No es el delantero que vive del área ni el goleador que reclama estadísticas para justificar su presencia, sino una pieza híbrida, casi paradójica, cuya influencia se mide mejor en lo que evita que en lo que produce. En un equipo construido desde la contención, la disciplina táctica y la supervivencia competitiva, Beltrán es el primer defensa con licencia para pisar campo rival. El delantero que corre hacia atrás, que muerde en la salida de balón ajena y que convierte cada presión en una forma de resistencia.

DEL

Sus números, fríos y casi ingratos, no hacen justicia al impacto real. Diecisiete partidos, apenas un gol, ninguna asistencia oficial hasta la jornada ante el Espanyol, donde firmó su obra más completa: pase decisivo para Hugo Duro y penalti provocado para la victoria. Fue su partido más visible, pero no el único significativo. Frente a Getafe, Elche, Celta o Mallorca, Beltrán sostuvo un rol menos fotogénico y más subterráneo: fijar centrales, activar la presión alta, sostener transiciones, dar oxígeno al bloque. En todos ellos fue titular, en todos fue sustituido menos contra el Espanyol, como si su fútbol estuviera diseñado para desgastarse antes que para permanecer.

Corberán no le exige goles, sino fiabilidad emocional y trabajo, mucho trabajo. Que esté donde duele, que cierre líneas de pase, que incomode al mediocentro rival, que transforme la primera línea ofensiva en un muro defensivo adelantado. Beltrán es, en esencia, un mecanismo de equilibrio: su mapa de calor se parece más al de un interior que al de un nueve, y su xG revela una paradoja aún mayor, porque genera más ocasiones de las que convierte, pero nunca parece llegar en el momento justo para capitalizarlas.

Ahí reside su principal defecto: la falta de colmillo. Tiene técnica, lectura, movilidad, capacidad para asociarse y una comprensión profunda del juego sin balón, pero carece del instinto que separa al delantero útil del delantero decisivo. No es un finalizador, es un conector. No es un depredador del área, es un corrector de sistemas.

Y, sin embargo, en este Valencia, eso es casi más valioso y es el principal motivo por el cual Corberán le prefiere de titular antes que a André Almeida, quien sí tiene todas esas habilidades en la zona de creación. Porque Beltrán no representa lo que el equipo sueña ser, sino lo que necesita para sobrevivir: un futbolista dispuesto a renunciar al gol para que el bloque no se rompa, a desaparecer de los resúmenes para existir en el funcionamiento. El primer defensa de Corberán no juega para marcar diferencias, sino para que no las marquen los demás. Y en esa renuncia se ha ganado un sitio.