Arbeloa aviva la esperanza en Mastantuono
Lunes, 26 de enero del 2026 a las 17:14
La trayectoria de Franco Mastantuono en el Real Madrid ha sido, desde su llegada, una sucesión de picos y valles más propia de un proceso de adaptación que de una irrupción lineal. El argentino aterrizó en Valdebebas con un impacto inmediato, titular indiscutible en el Mundial de Clubes a las órdenes de Xabi Alonso y con varias chispas de personalidad que justificaban la inversión de 63.2 millones de euros. Aquella primera fotografía lo situaba como un futbolista llamado a integrarse con rapidez en la rotación principal. Sin embargo, el curso 25/26 fue mutando su rol: empezó la temporada como titular, perdió protagonismo de forma progresiva y terminó desapareciendo por completo de los planes de del técnico tolosarra, diluido entre la competencia, la exigencia táctica y una pubalgia que cortó su continuidad.
Mastantuono pasó de ser una apuesta de futuro a un recurso secundario, sin espacio claro dentro de un equipo que priorizaba perfiles más físicos o desequilibrantes. Ni como extremo puro ni como interior creativo logró encajar del todo en el modelo de Xabi, que terminó relegándolo a un papel residual. El talento seguía ahí, pero sin ecosistema donde expresarse.
La llegada de Álvaro Arbeloa ha reordenado su escenario. No lo ha convertido en protagonista, pero sí le ha devuelto algo esencial: utilidad. Arbeloa ha interpretado a Mastantuono no como una promesa a desarrollar, sino como una pieza inmediata, capaz de aportar equilibrio, lectura y trabajo sin balón. En un Madrid condicionado por los problemas físicos de Rodrygo y la ausencia de Brahim durante la Copa África, el argentino ha encontrado minutos en su posición natural.
Y en ese espacio ha comenzado a construir un perfil diferente. Sus cifras esta temporada, con 22 partidos, 1.060 minutos, tres goles y una asistencia, son discretas, pero su impacto se explica en otros registros: 91% de precisión en el pase, 55 recuperaciones, 73 duelos ganados y casi dos tackles por partido. Mastantuono ha pasado de ser un futbolista de highlights a uno más cercano a un centrocampista encubierto que a un extremo clásico.
El partido ante el Villarreal sintetiza bien su nueva versión: sin influencia decisiva en ataque, pero clave en lo táctico, sosteniendo la banda, cerrando líneas interiores y compensando transiciones. Frente al Mónaco, en cambio, apareció su cara más luminosa, con gol, ocasiones creadas y una actuación que recordó por qué fue fichado, aunque cierto es que ante un rival que apenas puso resistencia.
Arbeloa no le ha devuelto el cartel de estrella, pero sí algo quizá más valioso en este momento: un lugar reconocible dentro del sistema. En un entorno donde la exigencia es máxima, Mastantuono ha aprendido que, antes de brillar, hay que ser necesario. Y ahí, por primera vez en meses, ha vuelto a encontrar sentido su presencia en el Real Madrid.