Thiago Fernández ilumina el Carlos Tartiere
Lunes, 02 de febrero del 2026 a las 17:17
La noche del 31 de enero en el Carlos Tartiere fue, para Thiago Fernández, el final de una aventura intensa y marcada por la incertidumbre. El Real Oviedo venció por 1-0 al Girona y puso fin a una racha de cuatro meses sin ganar, pero el foco no estuvo solo en el marcador, sino en la aparición de un jugador que, en apenas media hora, dejó una huella profunda.
Thiago había sido uno de los movimientos del mercado de invierno. El Villarreal lo firmó en enero desde Vélez Sarsfield como apuesta de futuro, pero Marcelino no lo incluyó en sus planes inmediatos. La dirección deportiva optó por buscarle minutos lejos de La Cerámica y el Real Oviedo apareció como destino. Llegó sin ruido, sin pasado reciente en la élite y con la necesidad de volver a sentirse futbolista.
Su estreno no pudo ser más significativo. Entró en el minuto 64, cuando el partido estaba bloqueado y el equipo necesitaba una chispa. En apenas diez minutos encontró el espacio, levantó la cabeza y sirvió un pase preciso a Ilyas Chaira, que decidió el encuentro. Más allá de esa acción, su forma de moverse, de pedir el balón y de asumir riesgos ofreció algo que el Oviedo venía reclamando: claridad en los metros finales.
Diez toques, cuatro pases completados, tres recuperaciones y un disparo a puerta resumen su impacto, pero no explican del todo lo que transmitió: energía, ganas, brillantez, vitalidad y una sensación de esperanza y futuro. El Tartiere lo entendió así, sin exageraciones, pero con una admiración inmediata.
Ahora, con la permanencia en juego, su nombre entra en la conversación para el once del sábado en Vallecas. Puede desplazar a Haissem Hassan al banquillo y permitir que Chaira actúe por la derecha. Más allá de esquemas, Thiago representa algo más sencillo: la certeza de que, incluso cuando el camino se complica, siempre queda un lugar donde volver a empezar.