El demonio devora al Sevilla a las puertas del infierno

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Lunes, 02 de febrero del 2026 a las 23:16

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Son Moix se convirtió en una antesala del abismo. Allí, donde la permanencia se juega como una condena y cada error pesa como una sentencia, el RCD Mallorca se disfrazó de demonio y empujó al Sevilla a mirar de frente al infierno del descenso. El 4-1 no fue solo una goleada: fue una revelación, una grieta en la fe sevillista y una tabla de salvación para un Mallorca que decidió no resignarse a arder.

El partido nació con un pulso tenso, de respiraciones contenidas. Carmona probó desde lejos en el 2’, pero Leo Román respondió sin temblor. El Mallorca contestó con un cabezazo de Muriqi que obligó a Vlachodimos a volar (7’). Nadie dominaba el tablero, hasta que en el 25’ el árbitro señaló los once metros tras una falta en el área. Muriqi, con la frialdad de quien conoce los rituales, convirtió el penalti y abrió la primera grieta en el muro sevillista. El Sevilla resistió. No quiso caer todavía. En el 45+1’, Neal Maupay encontró el empate con un disparo preciso, como si arrojara un cubo de agua sobre las llamas. El descanso llegó con el duelo en tablas, pero el aire ya olía a azufre.

Tras el intermedio, el demonio se levantó. El Mallorca regresó con otra mirada, con otra velocidad, con otra convicción. En el 52’, Jan Virgili desbordó, la defensa no logró despejar y Samu Costa apareció para empujar el 2-1. El infierno empezó a abrir sus puertas. El Sevilla se descompuso, perdió orden, perdió fe. Y en el 73’, una acción por la izquierda acabó con Darder empujando el tercero, la estocada que quebró cualquier esperanza. Ya sin alma, los andaluces caminaron hacia su castigo final. En el 96’, a la contra, Pablo Torre selló la noche con el 4-1, la firma definitiva del demonio.

El Mallorca sale del pozo. El Sevilla queda suspendido sobre las llamas. Y el infierno, ahora, ya no es una metáfora: es una amenaza real para ambos.

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