Lisci asalta Balaidos con catapultas y arietes de asedio

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Viernes, 06 de febrero del 2026 a las 23:19

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Osasuna conquistó Balaídos con un plan reconocible y ejecutado con paciencia competitiva. El equipo de Alessio Lisci se impuso por 1-2 al Celta en la jornada 23 de LaLiga EA Sports apoyado en una idea insistente: cargar el área rival hasta desgastar su resistencia. Los rojillos no dominaron el balón, pero sí los momentos. Sus constantes centros laterales, con siete bombardeos de Raúl Moro, cuatro de Rosier y Galán y otros cuatro de Víctor Muñoz, acabaron inclinando el partido hacia el territorio donde se sentían más cómodos, obligando al Celta a defender constantemente de cara a su portería. Por momentos, el encuentro adquirió un aire de asedio constante, con los envíos laterales funcionando como catapultas y los delanteros rojillos como arietes empeñados en abrir la defensa local: Primero Budimir, luego Raúl García.

El inicio fue celeste. Javi Rodríguez avisó pronto con un remate alto tras una buena combinación interior y, poco después, Hugo Álvarez obligó a Sergio Herrera a una intervención decisiva tras quedarse solo ante él. El Celta encontraba espacios, pero no precisión. Borja Iglesias también lo intentó con una media chilena que se marchó desviada. Osasuna, mientras tanto, esperaba su momento. Llegó en el minuto 35, cuando Raúl Moro recuperó un balón suelto y colgó un centro medido que Ante Budimir convirtió en el 0-1 con un cabezazo en escorzo imposible para Radu.

El empate llegó tras el descanso. Una mano de Catena señalada por el VAR permitió a Borja Iglesias igualar desde el punto de penalti en el minuto 53. El Celta empujó entonces con continuidad y volvió a encontrarse con Herrera, decisivo ante Swedberg y atento en varias acciones posteriores. Moriba rozó el gol con un disparo lejano que acarició el larguero, pero cuando el partido parecía inclinarse hacia el lado local, Osasuna volvió a golpear. En el 79’, otro ariete pesado, Raúl García de Haro aprovechó un desajuste defensivo para firmar el definitivo 1-2 tras un pase de Catena.

El tramo final fue un asedio sin claridad. El Celta también respondió con centros y saques de esquina, pero Osasuna defendió con orden y convicción, gestionando una victoria por la mínima construida desde la insistencia y la eficacia. El equipo navarro resistió el empuje final fiel a la idea que había guiado todo su partido: insistir, esperar el momento y golpear. Osasuna tenía claro el plan de juego: cargar el área con cuatro catapultas para que sus delanteros terminaran por derribar la puerta.

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