Álvaro Fidalgo, canalización para una zona castigada por las lesiones
Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Miércoles, 11 de febrero del 2026 a las 22:41
Miércoles, 11 de febrero del 2026 a las 22:41
Álvaro Fidalgo llegó al Real Betis el 1 de febrero de 2026 procedente del Club América, en una operación cerrada por dos millones de euros y con contrato hasta junio de 2030. El movimiento fue interpretado como una oportunidad de mercado, favorecida por la situación contractual del futbolista, que terminaba vínculo en México seis meses después. Formado en la cantera del Real Madrid y tras consolidarse en la Liga MX como un centrocampista de control y asociación, su incorporación respondía a la búsqueda de un perfil capaz de dar continuidad al juego desde la posición más que de alterar el reparto de protagonismo en la medular.
Su estreno llegó pocos días después, en la eliminatoria de Copa del Rey frente al Atlético de Madrid. Con el partido ya inclinado, Fidalgo entró tras el descanso y, pese al 5-0 final, dejó una impresión distinta dentro del contexto general del equipo. Su precisión en el pase, con un 92% de acierto y su capacidad para ordenar la circulación en un escenario adverso le convirtieron en uno de los jugadores mejor valorados del Betis aquella noche. Más que cambiar el rumbo del encuentro, su aparición sirvió para introducir pausa y sentido en un partido que había perdido control.
Tres días después, ya en LaLiga y nuevamente ante el Atlético, Pellegrini le dio continuidad desde el inicio. Ubicado como interior izquierdo, por delante de Marc Roca y a la altura de Pablo Fornals, completó 87 minutos en la victoria verdiblanca (0-1), ofreciendo un rendimiento más vinculado al equilibrio que al impacto ofensivo. Su aportación se centró en sostener la posesión, ayudar en tareas defensivas y facilitar la salida limpia del balón, aunque sin protagonismo en los últimos metros. Las valoraciones externas señalaron precisamente esa dualidad: un futbolista fiable en la gestión del juego, todavía en proceso de adaptación al ritmo competitivo de LaLiga.
Las lesiones de Isco Alarcón y Giovani Lo Celso han terminado por consolidar su presencia y jerarquía. Sin dos perfiles acostumbrados a recibir entre líneas y acelerar el juego desde el talento individual, el Betis ha necesitado asegurar la continuidad del balón, y Fidalgo ha respondido desde una interpretación más asociativa del interior. Su juego se basa en ofrecer apoyos constantes, reducir pérdidas y conectar alturas del equipo, algo que contrasta con el perfil más físico de Deossa, orientado al duelo y al recorrido.
De cara al encuentro del próximo fin de semana ante el Mallorca, su figura vuelve a encajar en lo que demanda el contexto, aunque mantendrá la competencia con Nelson Deossa, un futbolista más físico que podría ganar duelos con Samu Costa y Mascarell. El Betis espera un partido de ritmo irregular, donde el control de las posesiones y la correcta gestión del balón pueden resultar determinantes. En ese escenario, Pellegrini deberá decidir qué tipo de centrocampista utilizar para iniciar el encuentro y cuál reservarse para revolucionar el segundo tiempo.