Aurélien Kroosaméni
Sábado, 07 de marzo del 2026 a las 14:09
El Real Madrid atraviesa una temporada marcada por contrastes y, en medio de ese paisaje irregular, Aurélien Tchouaméni se ha consolidado como una pieza fundamental del equipo a estas alturas de temporada. Su presencia en el mediocampo ofrece equilibrio, continuidad en la circulación y una capacidad incansable para cerrar espacios. Desde la posición de pivote, el francés articula la transición entre defensa y ataque con una lectura táctica que sostiene al conjunto incluso en jornadas adversas. En estos momentos, su función es capital y sin su figura, el Real Madrid muy probablemente se habría despedido de sus objetivos esta temporada.
El partido de vuelta frente al Benfica, en la eliminatoria de Champions, representó quizá su actuación más completa del curso. Tchouaméni dominó el ritmo del juego desde el primer tramo, recuperó balones con naturalidad y encontró el empate con un disparo desde la frontal que recordó al estilo sereno de Toni Kroos. Aquella noche completó más del noventa por ciento de sus pases y encadenó recuperaciones que permitieron al Madrid lanzar contragolpes decisivos. Su figura emergió como ancla y punto de partida.
La visita a Balaídos reforzó esa impresión. El francés tocó el balón más de un centenar de veces, organizó la salida desde campo propio y abrió el marcador con un derechazo preciso tras asistencia de Arda Güler. Cuatro intercepciones, siete recuperaciones y una circulación limpia delinearon una actuación dominante que sostuvo la victoria blanca. Durante largos tramos, el encuentro giró alrededor de su influencia.
Las derrotas frente a Osasuna y Getafe ofrecieron un contraste revelador. Tchouaméni mantuvo números sólidos en duelos y recuperación, aunque el equipo perdió profundidad creativa. En ese contexto surgieron críticas que lo califican de minimalista, una lectura que ignora la naturaleza de su función. Su juego responde a otra lógica: menos exhibición, más estructura.
De ahí surge el apodo que algunos aficionados han comenzado a repetir con ironía y admiración: Kroosaméni. Un mediocentro con instinto contemporáneo que, en ocasiones, encuentra el disparo lejano y la pausa que evocan al alemán. Son perfiles distintos en cuanto a visión de juego y distribución, pero no tan lejanos en cuanto a jerarquía y, últimamente, golpeo de media distancia. En el actual Madrid, su presencia ordena el paisaje. El francés se ha convertido en una de las pocas buenas noticias que sostienen al equipo a tres meses del final de curso.