Mariano escribe otro capítulo oscuro en su currículum

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Lunes, 09 de marzo del 2026 a las 15:36

La velada en Mestalla no se limitó a certificar una remontada agónica del Valencia (3-2) frente al Deportivo Alavés; sirvió, fundamentalmente, para añadir un epílogo descorazonador a la ya accidentada biografía futbolística de Mariano Díaz. El ariete hispano-dominicano parece transitar por una carrera donde la oportunidad y el desenlace amargo mantienen un idilio pernicioso.

DEL

El delantero retornaba al verde tras un prolongado ostracismo. Si bien la llegada de Quique Sánchez Flores al banquillo babazorro parecía haber desprecintado su destino, no olvidemos que venía de una purga interna: Eduardo Coudet lo había confinado al ostracismo por un desliz disciplinario. Su ingreso en el campo, por tanto, no era un simple cambio táctico, sino un intento de expiación tardía.

Durante un breve lapso, Mariano pareció abrazar la causa con el fervor del converso. Saltó al césped en el minuto 83, inyectando una energía que sintonizaba con el intercambio frenético de golpes que era el partido. Sin embargo, la fatalidad, esa vieja conocida, decidió intervenir en una secuencia que bien podría resumir su etapa en Vitoria.

Lucas Boyé le entregó el gol en bandeja de plata tras un contragolpe de manual. El 1-3 era una certeza aritmética, una sentencia de muerte para el rival. Solo restaba un leve contacto, el trámite de empujar el cuero. Pero Mariano, en un alarde de torpeza técnica, ejecutó un control defectuoso seguido de un tropiezo casi metafísico. La ocasión se disolvió y, con ella, la resistencia del Alavés. Mestalla, detectando el aroma de la debilidad, se desató hasta culminar la remontada.

El fútbol, como la cátedra, rara vez perdona a quien flaquea en el examen final. Aunque sería injusto atribuirle la derrota en exclusividad, su error se ha erigido en el emblema del colapso. A sus 32 años, en una edad donde se espera madurez y no dudas, su paso por el Alavés buscaba ser una reconstrucción profesional. Lamentablemente, lo visto en Valencia refuerza esa impresión de que Mariano no escribe una carrera, sino que acumula borrones en el margen.