El Sevilla agoniza mientras el reloj lo condena, por Huugo_21

Por Huugo_21, creador Fantasy
Domingo, 29 de marzo del 2026 a las 20:14

Imagínate levantarte un lunes como cualquier otro. Desayunar, trabajar, comer, salir a correr y entrar en la cama para volverte a despertar al día siguiente. Lo curioso de todo es que, cuando te despiertas de nuevo y piensas que es martes, te encuentras que se ha reiniciado todo, es el Día de la Marmota.

Este es el caso del sevillismo actual. Un sentimiento de gigante que ve como temporada a temporada todo se reinicia. O, dicho de una mejor forma, temporada a temporada lo reinician.

En el curso 22/23 el Sevilla volvió a alzarse en lo más alto con el séptimo título en sus vitrinas de la UEFA Europa League pero no fue uno más. Esta vez la situación no se podía comparar a la de las seis veces anteriores. Esa misma temporada el conjunto hispalense tuvo que hacer frente a una permanencia, algo que parecía un caso aislado dentro de su historia reciente, de ahí la llegada de Mendilibar. El final, todos los conocemos. La grandeza de un club llega hasta estos niveles, capaces de resurgir desde el más profundo agujero. No obstante, lo que debió de servir para construir desde el éxito lo único que provocó fue aplazar el desastre y, llegados a este punto, el reloj cada vez hace tic tac más rápido.

El dolor que el sevillismo sufre cada temporada no es de tristeza, ni hartazgo, que también, sino de incertidumbre, aquel dolor que más duela porque te transmite la sensación de que el pozo del que estás cayendo no tiene final. Cada permanencia conseguida en los últimos años aplaza el desastre, pero el final del pozo cada vez está más cerca, aquel lugar donde nadie quiere aterrizar.

Tengo la suerte, o la desgracia, de sentir la bandera rojiblanca sin ser sevillano y seguramente ese aspecto, desde la distancia, favorece que haya asumido rápidamente que todo lo gigante que fue el árbol no hace mucho, ahora únicamente se sostiene por sus raíces. Una nueva realidad que duele, pero por su propia definición de la misma palabra, es real.

Cada entrenador destituido acelera el tic-tac del reloj. Cada jornada que transcurre duele más que la anterior. Y, aún así, el estadio responde, las raíces son fuertes como su historia pero, con mucho dolor, debo decir que puede que no sea suficiente.

No, Antonio Cordón, no es un velatorio todavía, nuestra alma todavía no ha fallecido, pero lo está haciendo lentamente mientras ese ritmo se va acelerando.