Un encaje para Kubo en el imaginario de Matarazzo

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 29 de marzo del 2026 a las 21:36

Takefusa Kubo ya divisa el final de un paréntesis largo y exigente. La rotura muscular en el isquiotibial izquierdo que sufrió a mediados de enero, en aquel partido ante el Barcelona que terminó con su salida en camilla, le ha mantenido al margen durante más de dos meses. Desde entonces, la Real Sociedad ha administrado su recuperación con cautela y sin fijar calendarios públicos demasiado rígidos, una prudencia que suele decir tanto de la gravedad inicial como de la importancia del futbolista. Ahora, con el japonés de vuelta al trabajo con el grupo, el escenario empieza a aclararse de cara a la visita del Levante a Anoeta.

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Todo conduce a una reaparición milimétricamente medida por parte del cuerpo técnico. Kubo ha dejado atrás la fase más ingrata de la lesión y tanto su discurso como el de Pellegrino Matarazzo invitan a pensar que entrará en la convocatoria si no aparece ningún contratiempo de última hora. Otra cuestión distinta es el papel que pueda asumir de inmediato. Después de un periodo tan prolongado sin competir, lo razonable apunta a una presencia desde el banquillo, con minutos en la segunda mitad y un contexto de partido menos exigido en la marca, más propicio para que su desequilibrio marque diferencias sin someterle a una exigencia excesiva.

Ahí se abre el asunto de fondo: cómo insertar a Kubo en una Real que ya ha ido adoptando la letra de su nuevo entrenador. Matarazzo ha retocado jerarquías desde su llegada en diciembre y ha concedido a Carlos Soler un peso visible en la elaboración, como eje de un equipo que busca dominar ciertos tramos desde la posesión sin renunciar a la velocidad cuando encuentra campo. En ese paisaje, Kubo ofrece una virtud: no obliga a escoger entre la imaginación y el rigor táctico.

Su aterrizaje más natural parece ligado al relevo de Barrenetxea, cuyo rendimiento reciente ha dejado menos huella en la rotación ofensiva y para acompañar a Guedes y Oyarzabal, en un nivel jerárquico superior actualmente. Pero también existe una variante sugerente, más interior, con Kubo cerca de la mediapunta, allí donde su regate corto, su pausa y su lectura del último pase pueden enriquecer a la Real en tramos de partido más densos, pudiendo plantearse como mediapunta, por detrás del punta y por delante de un doble pivote en el que Carlos Soler haría funciones de organización.

Con el regreso de Kubo, Matarazzo recupera un futbolista que no solo eleva el nivel competitivo del ataque por bandas, sino que amplía el repertorio de soluciones interiores con las que imaginar y corregir cada partido.