Sevilla FC usó autodestrucción

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 05 de abril del 2026 a las 20:40

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El Sevilla salió al Carlos Tartiere con la intención reconocible de protegerse primero y crecer después, pero muy pronto quedó claro que su plan exigía una precisión defensiva de la que careció en cuanto el partido comenzó a ensuciarse. En el estreno de Luis García Plaza, el conjunto andaluz tuvo la primera ocasión seria, con una buena ruptura de Akor Adams tras pase de Juanlu que Escandell resolvió sin excesivos apuros. A partir de ahí, el equipo hispalense administró más balón que fútbol, mientras el Oviedo, más incómodo que brillante, fue empujando el encuentro hacia un terreno de duelos, rechaces y acciones laterales donde se sintió cada vez más firme.

La jugada decisiva apareció en el minuto 32 y condensó buena parte de la tarde sevillista. Alberto Reina puso el córner con precisión al corazón del área pequeña y Fede Viñas atacó el envío sin oposición real, anticipándose con un giro de cuello impecable para cabecear a la red. La fotografía del gol dejó señalado a Nianzou, blando en la marca y desconectado en una acción que exigía agresividad. El Sevilla, que hasta entonces había concedido poco, se desmoronó en un instante. No solo por el 1 a 0, sino por la sensación de fragilidad que transmitió una defensa incapaz de imponerse en un escenario de máxima exigencia.

Cinco minutos después llegó la jugada que terminó de quebrar al visitante. Nianzou, otra vez en el centro del desastre, controló mal cerca de la divisoria defensiva, permitió que Viñas le discutiera la pelota y acabó golpeándole cuando el delantero ya le había ganado la posición. Hernández Hernández entendió que era ocasión manifiesta y mostró la roja directa. La decisión dejó al Sevilla con diez antes del descanso y convirtió el tramo final de la primera parte en un ejercicio de supervivencia. Luis García protestó con vehemencia, pero su equipo ya estaba atrapado por sus propios errores.

La segunda mitad confirmó que el partido había quedado definido mucho antes del pitido final. El Oviedo manejó la ventaja con sobriedad, escondió la pelota cuando convenía y apenas permitió al Sevilla fabricar amenaza limpia. Hubo una falta alta de Gudelj y una última acción de Ejuke que no encontró rematador, demasiado poco para discutir el resultado. Los asturianos incluso estuvieron más cerca del segundo en algún disparo de Chaira y en una llegada de Cazorla. El 1 a 0 no fue amplio, pero sí expresivo. El Sevilla no cayó por empuje rival únicamente. Cayó, sobre todo, porque eligió destruirse a sí mismo.

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