Los últimos coletazos de la era Ernesto Valverde
Lunes, 06 de abril del 2026 a las 15:38
El anuncio de Ernesto Valverde, fijando su salida del Athletic Club para el final de la temporada, tenía algo de cierre natural para una figura mayor en la historia reciente del club. Sin embargo, la despedida no está quedando envuelta en una atmósfera de gratitud serena, sino en un clima mucho más problemático, condicionado por un tramo final en el que el equipo se ha ido apagando entre dudas, decisiones desconcertantes y partidos impropios de una plantilla que, hace no tanto, transmitía otra energía. El peso de su legado sigue intacto, pero el desenlace empieza a ensuciar una obra que durante años pareció construida sin vacilaciones y que amenaza copn dejar al equipo sin Europa la próxima temporada.
La derrota ante el Getafe expuso con una crudeza difícil de disimular todo lo que hoy se le reprocha al técnico. El Athletic ofreció una imagen de desconcierto, sin mordiente arriba, sin posesión y dominio y sin una sola idea capaz de alterar el guion de un encuentro espeso y alarmantemente pobre. Pero más allá del resultado, lo que ha alimentado la irritación de buena parte del entorno son las decisiones que lo acompañaron. La titularidad de Yeray, tras un larguísimo periodo de inactividad, resultó incomprensible por contexto, riesgo y desarrollo posterior. El central, falto de ritmo, quedó retratado en una acción decisiva y su presencia reforzó la sensación de que Valverde ya no está leyendo bien ni los tiempos ni las necesidades del equipo.
Tampoco ha salido indemne su gestión del lateral derecho, convertida en un problema casi permanente. Las soluciones ensayadas han tenido un aire improvisado, con parches que no corrigen el fondo del asunto y que, en ocasiones, agravan la inestabilidad del equipo. La suplencia de un correcto Lekue contra el Betis, sumada a la apuesta en el segundo tiempo por Areso tampoco ayudó a aclarar nada, del mismo modo que el manejo del centro del campo ha terminado por desconcertar incluso a quienes solían concederle crédito sin demasiadas reservas. Sentar a Jauregizar ante el Betis ya sonó extraño; relegar después a Galarreta contra el Getafe, cuando la sociedad con Rego había dejado señales aprovechables, abundó en esa deriva errática.
A ello se suma una política de cambios difícil de defender. Retirar a Guruzeta y Sancet en momentos de partido donde el Athletic necesitaba conservar estructura, pausa y amenaza ha tenido un efecto casi mecánico: el equipo se parte, pierde jerarquía y se aleja de sí mismo. Valverde se marcha, sí, pero estos últimos coletazos están dejando una impresión ingrata, la de un entrenador que, en el momento de cerrar la puerta, ha empezado a equivocarse demasiado.