Arbeloa enciende la baliza

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Viernes, 10 de abril del 2026 a las 23:07

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El Real Madrid empató 1-1 con el Girona en el Bernabéu y se dejó dos puntos que pesan mucho más de lo que dice el marcador. Fue otro partido de dominio sin premio, de empuje sin remate y de una sensación repetida que ya empieza a cansar incluso al público más paciente. El equipo de Arbeloa llevó el mando, tuvo más balón, más tiros y más presencia cerca del área rival, pero volvió a fallar donde se deciden los partidos. En este punto del curso, ya no basta con decir que el Madrid mereció más. Lo que cuenta es que volvió a no ganar.

El equipo de Arbeloa llevó el peso del partido, pero otra vez se quedó corto en el área rival. Ya en la primera parte se vio el guion: Mbappé tuvo una clara tras un pase largo de Camavinga, Bellingham rozó el gol en un centro de Brahim y Valverde obligó a Gazzaniga a sacar una gran mano. El Girona apenas llegó, pero también avisó con un disparo de Ounahi que obligó a Lunin a lucirse.

El 0-0 al descanso castigaba más al Madrid que al Girona. Vinicius no encontró remate en una acción franca, Mbappé volvió a chocar con la defensa y Gazzaniga sostuvo a los visitantes con una actuación firme. El gol blanco llegó nada más volver de vestuarios: minuto 51, Valverde arma el disparo desde fuera del área y el portero argentino falla al blocar. El Bernabéu respiró porque el partido parecía abierto para el Madrid, que enlazó entonces sus mejores minutos y rozó el segundo con otra llegada de Mbappé.

Pero el Madrid volvió a dejar vivo al rival y lo pagó. En el 62, Lemar recibió en la frontal y soltó un zurdazo ajustado al palo, imposible para Lunin. Ahí cambió el partido. El Bernabéu pasó del alivio al enfado y el Madrid empezó a jugar con más prisa que cabeza. Mbappé tuvo la más clara en el tramo final, pero Gazzaniga volvió a ganar el duelo. También quedó la protesta por un posible penalti de Vitor Reis sobre el francés que Alberola no señaló.

El problema es que este empate no se queda en la Liga. También deja al equipo llegando a Múnich con el agua al cuello. Si el Madrid no gana allí, la sensación será difícil de disfrazar: una Liga casi perdida, otra noche grande que se escapa y una temporada que apunta de frente al blanco total y con las luces de alarma encendidas.

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