El Mallorca engulle al Rayo en mareas hostiles

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Domingo, 12 de abril del 2026 a las 18:23

Estadísticas, alineaciones y puntos fantasy

Son Moix fue un fondeadero bravo y el Mallorca, desde la primera maniobra, navegó como un bergantín que olfatea sangre. No hubo alboroto, pero sí una determinación muy visible en cada giro del timón. Darder y Pablo Torre marcaron la ruta entre líneas, Luvumbo abrió corredor por estribor y el Rayo, metido demasiado pronto en aguas incómodas, empezó a bracear sin encontrar orilla. Morlanes ya había probado cañón con una volea fuera y Pablo Torre obligó a Cárdenas a meter la mano antes de que la cubierta visitante empezara a llenarse de agua, con Mendy y Lejeune amonestados y el casco madrileño crujiendo por dentro.

El abordaje llegó en el minuto 35. Darder izó el córner con la precisión de quien conoce el viento, Samu Costa peinó la pelota en el primer palo y Muriqi apareció al fondo de la escena como un capitán que nunca se pierde el botín. La empalmó de zurda y la clavó arriba, sin dar respiro a Cárdenas. El Rayo aún trataba de recomponer la formación cuando recibió el segundo cañonazo. En el 39, Luvumbo ganó mar abierto por la derecha, levantó la cabeza y sirvió un centro con veneno al segundo palo. Allí entró otra vez Muriqi para empujar la red y dejar al rival a la deriva.

Quiso reaccionar el Rayo tras el descanso, con más presencia en campo bermellón y alguna intención de motín, pero todo quedó en amago. Leo Román respondió cuando tocó, sin apuros excesivos, y el Mallorca mantuvo la cubierta en orden. El tercer golpe llegó en el 64 y ya fue hundimiento. Pablo Torre filtró un pase limpio y Jan Virgili, recién salido del banquillo, atacó el espacio con hambre para resolver con un remate firme, seco, directo al costado del partido.

Desde ahí ya no hubo remontada ni relato alternativo. El Mallorca cerró compuertas, vigiló cada intento de escaramuza y dejó al Rayo sin respuesta ni viento a favor. Muriqi firmó una tarde de capitán mayor y el equipo balear salió del combate con tres puntos de mucho peso. La nave local resistió el oleaje y terminó devorando al rival con una superioridad que no necesitó levantar la voz, atrapándolo en la vigorosa y temible marea de la lucha por la permanencia.

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