Kubo renace bajo los cerezos en flor
Martes, 14 de abril del 2026 a las 12:56
Takefusa Kubo eligió el momento perfecto para reaparecer, en un escenario que remite a la imagen más reconocible de su país, Japón, en plena primavera. Tras 75 días de ausencia por una rotura muscular en los isquiotibiales de la pierna izquierda, sufrida el 18 de enero ante el Barcelona, el japonés regresó con un mensaje claro: sigue siendo uno de esos futbolistas capaces de cambiar un partido con la sutileza de un detalle, ya sea una conducción, un desmarque o una lectura distinta de la jugada. Ante el Alavés, en un encuentro frenético que terminó 3-3, necesitó muy poco para dejar su huella y recordar cuánto le había extrañado la Real Sociedad.
Pellegrino Matarazzo ya había insinuado cautela previamente en la rueda de prensa, motivo por el cual no tuvo minutos en la anterior jornada, ante Levante. Pero contra el conjunto babazorro, Kubo entró en el minuto 54, sustituyendo a Brais Méndez, y en su primer compromiso tras la lesión ofreció lo que todo el mundo estaba esperando. Se ubicó en la derecha, permitió a Luka Sucic moverse por dentro y dio otra textura al ataque donostiarra. Hubo desborde, pausa cuando la pedía la jugada y también esa viveza suya para detectar el espacio antes que los demás. Su aportación más visible llegó poco después, con una asistencia de cabeza para Orri Óskarsson en el 3-2, una acción decisiva, resuelta con inteligencia y sentido del tiempo.
Más allá del pase de gol, quedaron detalles reveladores y Kubo generó peligro, participó con criterio y transmitió una sensación de frescura nada menor tras casi tres meses de inactividad. Completó 11 de 14 pases y dejó la impresión de que el partido se aceleraba o se serenaba según lo que dictaran sus botas. Anoeta, agradecida, le regaló una de las ovaciones de la noche.
La final de Copa del Rey, el próximo 18 de abril en La Cartuja ante el Atlético de Madrid, aparece ahora bajo una luz distinta para la Real. Kubo todavía no parece llamado a jugar de inicio con plena certeza, pero su irrupción lo ha metido de lleno en la conversación. Su primera final como profesional ya no le espera como un invitado; le aguarda en pleno abril como una amenaza real para el rival, bajo una lluvia de cerezos en flor.