Manu Bueno: el cerebro estaba en casa

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Jueves, 16 de abril del 2026 a las 14:40

La llegada de Luis García Plaza al Sevilla ha traído una novedad inesperada en un tramo de máxima urgencia clasificatoria: la recuperación de un futbolista que parecía olvidado en la rotación por los anteriores entrenadores, incluyendo a Almeyda y que, sin embargo, ofrecía un registro casi inédito en la plantilla. Manu Bueno no es un diez, tampoco un mediocentro de contención. Su territorio está donde se madura la jugada: el de ese ocho que piensa, enlaza y da sentido. En una línea media marcada por la potencia de Mendy, el instinto defensivo de Agoumé y el despliegue y llegada de Söw, el canterano aparece como el cerebro, el jugador que interpreta antes de ejecutar y que entiende por dónde respira cada partido.

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García Plaza le abrió la puerta muy pronto. En Oviedo, en una tarde ingrata, con el equipo en desventaja y reducido por la expulsión, su entrada al descanso apenas pudo alterar un panorama ya torcido, aunque sí dejó la impresión de que había una intención distinta en cada toque. Frente al Atlético, ya como titular, el dibujo permitió ver con más nitidez qué puede aportar. Manu ofreció continuidad, criterio y una serenidad poco frecuente en un Sevilla muchas veces atropellado. No necesitó adornarse para hacerse notar. Le bastó con dar pausa, elegir bien y aparecer donde la jugada pedía una salida limpia o un apoyo sensato.

Ahí reside su valor. No compite con Mendy, Agoumé o Söw desde el choque o la zancada, sino desde la comprensión del juego. Es otra clase de centrocampista, uno que puede cohesionar al equipo y darle un hilo argumental a la posesión. La competencia seguirá ahí, naturalmente, pero la victoria ante el Atlético ha reforzado su candidatura. En un Sevilla urgido de respuestas, García Plaza ha encontrado en casa algo que no abundaba: un futbolista capaz de pensar el partido mientras lo juega.