El Rayo evita la tragedia griega y hace historia
Jueves, 16 de abril del 2026 a las 23:04
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El Rayo Vallecano ya está donde nunca había llegado. Perdió en Atenas por 3 1 ante el AEK, pero convirtió en oro el 3 0 de la ida y se clasificó para las semifinales de la Conference League con un global de 4 3. La noche en el ALLWYN Arena fue una prueba de resistencia, de temple y de oficio. El equipo de Iñigo Pérez entró bien al partido, incluso con una ocasión muy clara de Ratiu tras un disparo de Isi que Strakosha no blocó, pero pronto entendió que el escenario iba a exigir algo más que fútbol. Tocaba aguantar el vendaval.
El AEK salió lanzado, con mucha gente cerca del área y una energía que empujó al Rayo hacia su portería. Después de un aviso de Varga, Zini abrió el marcador en el minuto 13 al controlar en el área y resolver con un remate seco, imposible para Batalla. El gol agitó el estadio y encogió al conjunto madrileño, que además perdió a Álvaro García por molestias antes de la media hora. Ahí apareció la peor fase visitante. Koita desbordó, Kutesa hizo daño por fuera y, en el 36, Marin convirtió un penalti tras una llegada del extremo local. Batalla adivinó la dirección, pero no pudo evitar el 2 0.
Nada cambió tras el descanso, más bien al contrario. En el 51, Kutesa puso un centro medido desde la izquierda y Zini firmó el tercero con un cabezazo de delantero grande, girando el cuello para empatar la eliminatoria. El Rayo estaba en el borde del abismo y necesitaba una respuesta inmediata. La encontró nueve minutos después. Valentín y Pedro Díaz dieron algo de pausa a la salida y fue este último quien encontró a Isi en el área. El capitán controló con limpieza y cruzó el remate ante Strakosha. Fue un gol de enorme valor, por la ejecución y por el momento.
A partir de ahí el partido cambió de temperatura. El AEK siguió atacando, pero ya no con la misma claridad. Zini perdonó el cuarto a puerta vacía y Óscar Valentín evitó otra acción que olía a gol. El Rayo, mientras tanto, respiró con balón, encontró a Alemao para estirar posesiones y hasta rozó el segundo en alguna transición. Batalla sostuvo lo que quedaba y el equipo entendió cómo cerrar la noche. No hubo brillo final ni celebración prematura, solo madurez, sufrimiento y un pase que ya forma parte de la historia de Vallecas en la tierra de la mitología.