Borja Iglesias, Durán o los dos: entre la memoria de Montjuïc y la movilidad impredecible

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Martes, 21 de abril del 2026 a las 11:37

La elección del nueve para medirse al Barcelona encierra bastante más que un simple ajuste de pizarra. En Claudio Giráldez conviven, probablemente, dos tentaciones muy distintas: la de aferrarse a un recuerdo todavía fresco, aunque ya algo desvaído por el desenlace de aquella tarde, y la de apostar por un perfil menos evocador, pero quizá más incómodo para el rival. Borja Iglesias dejó en Montjuïc, el 19 de abril de 2025, una de esas actuaciones que sobreviven incluso a la derrota. Sus tres goles dibujaron durante un buen tramo un partido inaudito, una sacudida que colocó al Celta con un 1-3 a favor y al Barcelona frente a una escena muy poco habitual antes de la remontada final.

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Aquel hat-trick convirtió al Panda en una referencia inmediata cada vez que el Barça asoma en el calendario. No solo por la dimensión estadística de la tarde, también por la sensación que transmitió: lectura del área, templanza en los metros decisivos y una relación especialmente fluida con el gol cuando el encuentro se partió. Ese antecedente, aunque no conceda ventajas por sí mismo, sí sostiene una candidatura comprensible. Borja representa una memoria concreta, un precedente que invita a pensar que ciertos partidos le despiertan una motivación particular. Quién sabe si por su pasado perico.

En la otra orilla aparece Pablo Durán, un delantero de una condición diferente, más asociado al desplazamiento continuo, a la ruptura y a la velocidad en campo abierto. Su fútbol apunta menos a la fijación y más al desconcierto, menos al poso de lo ya vivido y más a la posibilidad de alterar el guion con una arrancada o un desmarque largo. Ahí reside buena parte de su atractivo. Durán ofrece piernas, movilidad y una amenaza difícil de sujetar cuando el partido reclama metros, un recurso especialmente sugerente ante un rival que acostumbra a vivir muchos minutos lejos de su portería.

De todos modos, tampoco resultaría extraño que Giráldez optase por reunirlos. Ya ha sucedido en más de una ocasión y la convivencia entre ambos no pertenece al terreno de la rareza. Esa solución permitiría sumar presencia en el área y profundidad al mismo tiempo, aunque obligaría a estrechar el reparto en la segunda línea ofensiva. Si Borja y Durán comparten salida, dos futbolistas entre Swedberg, Jutglà y Fer López se quedarían sin espacio en el once, un peaje nada menor en un frente atacante donde el técnico suele encontrar variantes y argumentos de sobra.