El plan fallido de la FIFA y UEFA saturando el calendario

Por Tomy Gavaldá, CEO y redactor
Miércoles, 29 de abril del 2026 a las 14:18

El fútbol sigue llenando gradas, vendiendo camisetas y moviendo cifras que cualquier industria cultural envidiaría, pero esa fortaleza, que durante años pareció blindar al negocio frente a cualquier desgaste, empieza a convivir con una realidad más turbia: el espectador dispone hoy de un menú de entretenimiento infinitamente más amplio que hace una o dos décadas, con plataformas, videojuegos, redes sociales, vídeos breves y contenidos bajo demanda que compiten, minuto a minuto, con la vieja liturgia del partido completo de un deporte que, en ocasiones, resulta tedioso de seguir durante 100 largos minutos.

FIFA y UEFA han respondido a esa presión con una receta tan rentable a corto plazo como delicada para el futuro: añadir partidos, ampliar competiciones, estirar formatos y convertir el calendario en una sucesión casi ininterrumpida de citas que, por acumulación, pierden parte de su carácter excepcional. La Champions ya no se conforma con la antigua fase de grupos y añade hasta cuatro fechas más para los equipos que avancen desde la fase liga al play-off previo a octavos; la Conference League nació para abrir otro escaparate continental; la Nations League sustituyó amistosos por un torneo de apariencia competitiva, pero también introdujo nuevas obligaciones emocionales y físicas en ventanas internacionales ya saturadas; y el Mundial de 48 selecciones empuja el verano futbolístico hacia una dimensión inédita, hasta el punto de provocar por primera vez el aplazamiento de partidos de la primera jornada liguera por el descanso insuficiente de varios jugadores. La Supercopa a dos partidos nos destroza el mes de enero y el Mundial de Clubes también provocó un verano inédito lleno de partidos con poca sustancia.

La lógica comercial resulta transparente, pues cuanto más inventario audiovisual, más paquetes de derechos, más noches patrocinables, más relatos se generan para vendernos el deporte rey. Sin embargo, esa abundancia corre el riesgo de convertir el fútbol en ruido de fondo, especialmente para generaciones acostumbradas a elegir, resumir, saltar, compartir y consumir solo el fragmento que consideran valioso, sin asumir que cada martes, miércoles, jueves, fin de semana y ventana FIFA deban merecer la misma devoción.

España ilustra bien esa paradoja, porque LaLiga conserva una asistencia elevada, ingresos robustos y una relación emocional con el estadio que sigue siendo profundamente reconocible, casi tribal, pero su consumo televisivo se ha vuelto mucho más disperso, más selectivo y más dependiente del gran reclamo, concentrado alrededor del Real Madrid, el Barcelona y los duelos de mayor carga simbólica, mientras los partidos de menor cartel tratan de abrirse paso entre suscripciones caras, horarios fragmentados y una oferta digital que pide menos paciencia y entrega recompensas más inmediatas. A ese ecosistema todavía se suma un público singular, el del Fantasy, numeroso aunque durante décadas ninguneado por los propios organismos, que encuentra razones muy concretas para seguir al Arambarri de turno cada domingo, no por obediencia al calendario, sino por una forma distinta, casi pasional y afectiva, de relacionarse con un juego también cada vez más castigado por el calendario.

Además, el exceso de partidos golpea al propio producto: lo desgasta, lo devalúa y lo empuja hacia una mediocridad competitiva hecha de futbolistas con menos descanso, pretemporadas comprimidas, lesiones más frecuentes y una intensidad difícil de sostener cuando la excepción se convierte en rutina. La industria parece haber confundido atención con disponibilidad, como si el público fuera a mirar todo aquello que se le coloca delante por el simple hecho de multiplicarlo hasta la saciedad. El fútbol continúa siendo poderoso, pero su grandeza también depende de saber hacerse esperar y preservar su valor. Porque la cantidad nunca ha sido sinónimo de calidad, y la cantidad sin calidad acaba poniendo en riesgo la esencia que hizo grande este deporte.