Crónica de la Copa del Rey: Mirandés 2-1 Málaga
Mirandés: Raúl; Gaffoor, Ortiz, Corral; Lázaro, Carlos M., Carnicer (Kijera, 46'), Provencio, Álex García (Sangalli, 57'); Ion Vélez y Abdón (Lago Junior, 57')
Málaga: Ochoa; Miguel Torres, Albentosa, Filipenko, Boka; Tissone, Espinho; Horta (Cop, 83'), Juanpi (Fornals, 72'), Tigha (Ontiveros, 72'); y Santa Cruz
Goles: 1-0: Álex Ortiz (34') 1-1: Santa Cruz (57') 2-1: Lago Junior (70')
Árbitro: Sánchez Martínez (Colegio Murciano)
El Málaga también tendrá que remontar en la Copa. En un partido exigente volvió a mostrar más de lo mismo en ataque, fallos reiterados en el último pase y en el remate -aunque ligera mejoría con sistemas novedosos-, y regaló dos goles en acciones que estaban más que estudiadas, en un saque de esquina y en una aparición de Lago Junior después del enésimo descuido de Boka al tapar un centro. Se trataba sobre todo de una prueba para los menos habituales y ninguno cuajó un partido redondo. Si acaso, Espinho dejó destellos.
En cuanto se supo la alineación, la duda era conocer cómo iba a colocar Gracia a sus cinco piezas creativas y ofensivas. Esta vez el entrenador navarro innovó, evidentemente condicionado por ese sistema tan peculiar que emplea Carlos Terrazas en el Mirandés, un 3-3-3-1 en el que él suele hablar de un eje central de tal forma que las piezas que escoltan a la columna vertebral se abren a las bandas o se cierran a modo de paraguas según se requiera jugar y tapar más por dentro o por fuera. Por eso, el Málaga jugó con una línea media que parecía un rombo, aunque a la hora de la verdad el vértice superior (en el que estaba situado Horta) estaba en muchas ocasiones a la misma altura que los interiores (Espinho y Juanpi) mientras que Tissone permanecía como único guardián del cuarteto defensivo. Es decir, el dibujo era un 4-1-3-2 con Santa Cruz y Tighadouini en punta.
Desde el primer minuto el partido se ajustó al guion, así que el Málaga tuvo que apretar los dientes y pelear por cada balón. Mientras Terrazas apenas tuvo que hacer correcciones -está visto que los suyos juegan de memoria-, Gracia no paró de dar consignas. El Málaga trató constantemente de mover el balón con la intención de castigar los flancos de la defensa local, pero le faltó celeridad en esas acciones, en las que los rojillos sufren a la hora del repliegue. Todas las opciones ofensivas de los blanquiazules en la primera parte llegaron así: a los cinco minutos, en un servicio de Horta en el que Tighadouini mandó la pelota al larguero, y al filo de la media hora, con dos apariciones del joven internacional absoluto marroquí. En una de estas el Mirandés reaccionó muy bien, pero en la otra Horta demostró que le falta convicción en la zona de remate.
La presencia de Juanpi y Espinho permitió una salida de balón más aseada que en la Liga, aunque si por algo brilla el Mirandés es por cerrarse bien por dentro cuando intuye por dónde van a ir los tiros. El venezolano fue a más conforme avanzaban los minutos mientras que al portugués, enormemente voluntarioso, demostró que intepreta bien el juego. Pero de nuevo faltó ligazón, esa conexión entre líneas que permita arriesgar menos en el último pase.
Ofensivamente el Mirandés demostró las limitaciones de determinados jugadores no habituales, pero tenía la lección bien aprendida. Como todos los rivales del Málaga, le buscó las cosquillas a Boka, lo que obligó a Filipenko a hacer un sobresfuerzo en más de una ocasión (vamos, como le sucede habitualmente a Weligton cuando debe escoltar al marfileño). El bielorruso, que disputó su primer partido oficial como titular en casi un año (y el segundo desde que llegó), concedió varias faltas al llegar tarde, pero mostró capacidad de reacción en algunos pulsos individuales.
La otra vía ofensiva del Mirandés era explotar las acciones a balón parado. Gracia trató de neutralizarlo en los saques de esquina al dejar arriba hasta a tres jugadores (Tighadouini, Horta y Espinho), pero en el segundo en contra se produjo una sucesión de rebotes que acabó con Álex García empujando la pelota casi en la línea de gol.
El Málaga salió lanzado en la segunda parte, amparado en un 4-1-4-1 con Horta y Tighadouini en las bandas. Al portugués se le vio más entonado en su sitio y apenas a los 34 segundos mandó el balón al palo. El cuadro blanquiazul se sentía más a gusto, con Juanpi y Espinho por dentro como dueños de la pelota. En un centro templado de este último llegó el empate. Santa Cruz se topó de nuevo con el palo, pero no perdonó en el rechace.
Terrazas anduvo rápido y, aun a riesgo de quedarse en inferioridad por alguna lesión, lo vio tan claro que con más de media hora por delante completó el cupo de cambios e introdujo a dos titularísimos, Sangalli y, sobre todo, Lago Junior. Y ambos no solo reactivaron a su equipo, sino que además protagonizaron el 2-1 en el que de nuevo quedaron al desnudo las carencias de Boka. El Málaga fue a remolque desde el doble cambio y además volvió a demostrar que le falta gol. La entrada de los 'niños' (Pablo y Ontiveros) no bastó para recuperar terreno, aunque sí aportó algo chispa, precisamente lo que está claro que le falta a Santa Cruz.