
El empate del Girona en Balaídos no solo sirvió para rescatar un punto valioso fuera de casa, sino que también reafirmó la confianza de Míchel en Paulo Gazzaniga, al menos de forma provisional. El argentino, señalado por errores en el inicio de temporada y por una expulsión que lo había dejado en entredicho, respondió con una actuación convincente ante el Celta debido a la internacionalidad de Livakovic, que acumuló muy pocos entrenamientos a las órdenes de Míchel tras su fichaje. Ante la oportunidad definitiva, Gazzaniga paró todo lo que estuvo en su mano y solo se vio superado en el tiempo añadido, cuando Borja Iglesias transformó un penalti imposible de detener.
La presencia de Dominik Livakovic en el banquillo añadía un aliciente especial al encuentro. El croata llegó para elevar la competencia en la portería y está llamado a ser titular a medio plazo, según palabras del mismo Míchel, pero por ahora debe esperar. Míchel, fiel a su costumbre de no rotar guardametas, mantiene la apuesta por Gazzaniga, que ha ganado una vida extra gracias a su buen rendimiento en Vigo. La batalla por el arco rojiblanco apenas empieza, y cada entrenamiento será decisivo para definir quién se adueñará de la portería.

Tomy Gavaldá
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