
El Levante de Luis Castro empieza a dar señales de vida. No es una resurrección completa, pero sí una línea ascendente: más orden, más competitividad, más puntos. En medio de esa dinámica que por fin se parece a un equipo que pelea por salvarse, hay una figura que chirría, que desentona como una nota fuera de escala en una melodía que empieza a encontrar ritmo. Karl Etta Eyong.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que Etta volaba. Literalmente. O eso creímos. Le dedicamos un artículo celebrando su irrupción, hablando de unicornios rosas y de digno sucesor de Samuel Eto'o, de un chico camerunés que parecía jugar con la ligereza de quien no sabe aún lo que pesa la Primera División. Cinco goles en siete partidos, una aparición inesperada, una sensación de revelación y una venta por parte del Villarreal incomprensible. Hoy, todo aquello suena a sueño difuso, a recuerdo borroso de una realidad que ya no existe.
Antes incluso de marcharse a la Copa África, su nivel empezó a descender de forma preocupante. Y lo más inquietante es que, tras su regreso, no solo no ha mejorado: sino que ha ido a peor en un contexto más favorable. En el Levante-Elche de este viernes, con victoria agónica, primera en casa, Etta volvió a ser el peor del equipo. Setenta y tres minutos de intentos que quedaron en nada.
Falló un cabezazo claro en el minuto seis, disparó a las gradas en el 36, perdió duelos que antes dominaba, cometió faltas por ansiedad, llegó siempre tarde a la decisión correcta. Su única aportación real fue física: presionar, correr, molestar. Pero un delantero no puede vivir solo de eso. No en un equipo que se juega la vida. No cuando llevas sin marcar en Liga desde el 26 de octubre.
Etta Eyong ha perdido su aura, su unicornio. Lo perdió hace tiempo y no ha vuelto. Ya no intimida. Ya no amenaza. No genera la expectativa de que algo pueda pasar cuando toca balón. Etta está errático, desconectado, sin confianza y, lo que es peor, sin intuición. Como si hubiese olvidado cómo se mueve un nueve dentro del área.
Tal vez la venta sea una solución lógica, incluso inevitable. Pero el fútbol también tiene memoria para las metamorfosis inesperadas: basta un gol, un partido, una noche concreta para que la duda se transforme en fe. Y quizá Karl Etta Eyong aún no sea el problema del presente, sino la respuesta que el futuro del Levante todavía no ha tenido tiempo de revelar. Pero de momento, un sueño difuso que necesita reencontrarse con la realidad.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

