
El inicio liguero en el Martínez Valero dejó en el banquillo a dos de los nombres que más habían destacado en la pretemporada del Real Betis: Ángel Ortiz y, en especial, Pablo García. Ambos, canteranos que han ilusionado a la afición con su descaro, tuvieron que conformarse con observar desde la suplencia cómo Manuel Pellegrini volvía a apostar por la experiencia de Héctor Bellerín y Aitor Ruibal en el costado derecho.
La baja de Isco obligaba a Lo Celso a ocupar el eje central, dejando un hueco en el extremo derecho, mientras que Ortiz y Bellerín partían en igualdad de condiciones. Pero el técnico chileno, fiel a su plan conservador, confió en los veteranos y apenas concedió oportunidades a los jóvenes: Pablo García entró avanzada la segunda parte en sustitución de Ruibal, mientras que Ortiz se quedó sin minutos, lo que reforzó la jerarquía de Bellerín en el lateral. La elección, no obstante, tuvo sus frutos parciales: el gol de Ruibal permitió rescatar un empate, aunque el Betis se mostró plano en algunos tramos, falto de esa frescura y atrevimiento que podrían haber aportado los canteranos para que el resultado fuera otro.
La sensación tras el partido es que tanto Pablo García como Ortiz deberán luchar no solo contra la competencia directa de futbolistas consolidados, sino también contra la prudencia excesiva de Pellegrini. La afición, sin embargo, ya los ve preparados para dar un paso adelante y reclamar un sitio en el once de gala, algo que cuando empiece la conpetición europea les llegara casi por inercia rotacional.

Tomy Gavaldá
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