
Lo que parecía un fortín en verano se ha desvanecido en cuestión de semanas. El Levante UD de Julián Calero, que en pretemporada presumía de blindaje defensivo con cinco porterías a cero en seis partidos y un sistema de tres centrales bien engrasado, ha arrancado la Liga mostrando la cara opuesta: siete goles recibidos en apenas tres encuentros. La derrota en Mendizorroza (2-1), la caída en el Ciutat ante el Barcelona (2-3) y el varapalo en Elche (2-0) han destapado las costuras de un equipo débil atrás y falto de solidez en su retaguardia.
El libreto que funcionó en los amistosos, con una defensa de cinco, apenas ha tenido solvencia en la competición oficial. Calero ha optado por variantes que han diluido la seguridad que exhibieron Elgezabal, Dela y Cabello durante el verano, y la realidad competitiva ha castigado con dureza a los granotas. Todo apunta a que el técnico madrileño deberá replantear su sistema en busca de equilibrio, aprovechando la recuperación de Olasagasti y las dos semanas de parón que tiene por delante para trabajar, porque la versión estival ha resultado, de momento, un simple espejismo.

Tomy Gavaldá
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