
El Espanyol ha encontrado en Clemens Riedel algo más que un central solvente: una brújula para ordenar su defensa y un carácter sereno que ha traído equilibrio tras la marcha de Marash Kumbulla el pasado 30 de junio, ahora en las filas del Mallorca. El joven alemán, llegado al club en el último tramo del mercado, ha necesitado apenas tres partidos para convertir la duda en certeza tras un arranque de temporada en el que se ha tenido que armar sde paciencia. Tres titularidades consecutivas —ante Valencia, Girona y Betis—, 270 minutos de firmeza, lectura táctica y elegancia al corte. Frente al Betis, incluso con todos los centrales disponibles, fue él quien repitió en el once, confirmando que su lugar ya no se discute: el de un futbolista que ha desplazado a Calero y que se gana el respeto en silencio, a través del rendimiento.
Sus cifras hablan con la misma claridad que su mirada. Ante el Valencia interceptó dos balones y cometió una sola falta; frente al Girona, dejó la portería a cero y firmó un tiro a puerta; contra el Betis, rubricó su actuación con una asistencia, seis recuperaciones y un liderazgo invisible que sostuvo al equipo hasta el final. Más allá de los números, Riedel transmite una serenidad impropia de su edad: manda sin gesticular, se anticipa sin violencia y sale jugando con una naturalidad que alivia al aficionado.
Adaptarse a otro país, otro idioma y otra liga no es tarea menor, pero el central asume el reto con humildad germánica. En un vestuario que aún busca regularidad, él representa la promesa de estabilidad. El Espanyol, que ha encajado más de lo deseado, necesita precisamente eso: hombres que conviertan la defensa en cimiento. Y en esa misión, Clemens Riedel se ha ganado ya un rango que pocos discuten: el de nuevo kaiser perico.

Tomy Gavaldá
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