
La jugada que cambió el duelo entre el Getafe CF y el Elche CF, este viernes por la noche en el Coliseum, comenzó con un gesto que, en apariencia, no anunciaba nada extraordinario. Se trataba de Allan Romeo Nyom, de 37 años, lateral experimentado fichado por el Getafe como refuerzo discreto en un verano marcado por las limitaciones salariales, que hoy sustituía a un indispuesto Diego Rico, recibiendo el balón en el perfil izquierdo del área. La acción arrancó allí, en ese espacio inofensivo, tan ajustado como el propio margen financiero con el que el fútbol español convive en estos tiempos, obligado a optimizar plantillas, reinventar roles y completar fichas libres para poder competir. En cierto modo, lo que estaba a punto de ocurrir no fue solo una jugada: fue un pequeño poema que Nyom le escribió a un campeonato que sobrevive con menos de lo que antes parecía imprescindible.
Nyom controló con la serenidad propia de un jugador que conoce su oficio y su recorrido. En el regate, cuando encaró a Rodrigo Mendoza y armó la bicicleta, se intuyó el peso de sus años de carrera: un futbolista que no llegó para brillar, sino para cumplir, justo el tipo de perfil que muchos clubes necesitan en una etapa de restricciones económicas. La maniobra, limpia y oportuna, aunque a su vez sin la plasticidad técnica que requiere, representó esa capacidad que tiene el Getafe para maximizar recursos mínimos. Allí, en un simple amago, se condensó la supervivencia silenciosa de un fútbol que, pese a las limitaciones, sigue encontrando belleza rústica en los detalles.
Avanzó con la izquierda, ganando pocos metros con un toque corto, preciso, ante una perla joven y emergente llamada a llegar lejos. En ese pequeño avance se reflejó la esencia del Getafe actual: un club que no crece a grandes zancadas, sino a base de pasos firmes y medidos, sosteniéndose en la disciplina táctica para compensar la falta de amplitud en la plantilla.
El centro bombeado que salió de su pierna fue el retrato perfecto de esa filosofía: una entrega alta, paciente, calculada, que no buscaba adornos, solo efectividad. La pelota viajó con un arco suave hacia el segundo palo, donde Kiko Femenía apareció desde atrás, otro ejemplo de futbolista veterano e imprescindible para estructuras que se sostienen sobre el colectivo más que sobre los nombres propios. Su remate, perfectamente defectuoso, encontró el desvío en plancha de Arambarri, que envió el balón a la red.
El gol fue charrúa, pero la firma fue de Nyom: un inesperado protagonista incorporado por necesidad, para llenar fichas, que en esta secuencia firmó algo más que una asistencia encubierta. Firmó un homenaje. Una declaración de principios con la que escribió un poema al fútbol español, en un tiempo en que la belleza surge precisamente de hacer mucho, con muy poco.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

