
El Real Madrid de Xabi Alonso parecía haber encontrado, por fin, el engranaje que llevaba meses buscando para controlar los partidos desde el centro del campo. En Arda Güler creyó ver a su nuevo Luka Modrić: un mediapunta reconvertido en interior, capaz de bajar a recibir, acelerar la jugada, crear ventajas y deslizar el último pase. En el Mundial de Clubes dejó destellos que enamoraron al cuerpo técnico y al madridismo. Pero la temporada avanza, los rivales ajustan, la presión se estrecha… y el motor creativo del equipo empieza a fallar. El duelo de Montilivi, que terminó con el turco sustituido al descanso tras una primera parte desaparecido, ha encendido todas las alarmas. Güler tocó fondo tras varios partidos a bajo nivel: perdido entre líneas, superado en lo físico y castigado por una presión que lo deja sin espacios cuando actúa lejos del área. Girona lo asfixió, le robó hasta cuatro balones y redujo su influencia al mínimo, obligando a Alonso a cambiarlo por Camavinga en el 45.
Y, mientras tanto, aparece una ironía que muchos ya señalan con cierta sorna: el mayor problema del Madrid actual está precisamente en la posición que Xabi Alonso dominaba como futbolista, la del mediocentro organizador. Él, que fue el metrónomo perfecto, sufre ahora para encontrar a su nuevo faro. Resulta casi poético, aunque doloroso, que el entrenador que mejor entendió el control del juego esté viendo cómo se le escapa justo ahí.
De cara al Athletic y los próximos compromisos, Alonso debe recalibrar. Las opciones pasan por juntar a Camavinga y Tchouaméni para blindar el músculo interior o retrasar a Valverde para formar un doble pivote dinámico y liberar un hueco arriba para Rodrygo o Brahim. El diagnóstico es claro: si a Alonso se le cala el motor, el Madrid deja de correr. Y ahora mismo, ese motor se llama Arda Güler.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

