
El crecimiento de Miguel Román en el RC Celta ha dejado de ser una buena noticia para convertirse en una evidencia. Ya no se trata de una irrupción ilusionante ni de una racha de partidos bien encadenados, sino de un proceso de consolidación que ha modificado el centro de gravedad del equipo. A sus 22 años, el centrocampista formado en A Madroa ha pasado de alternativa y pieza rotacional, hasta el punto de erigirse en el mediocentro más fiable para Claudio Giráldez, por delante de nombres con mayor recorrido y jerarquía previa como Ilaix Moriba, Fran Beltrán o Hugo Sotelo.
Desde la renovación hasta 2028 anunciada en agosto de 2025, Román ha construido su estatus desde la constancia. Primero asumió minutos desde el banquillo en una ruleta rotacional que no paraba de girar entre las tres competiciones, luego empezó a repetir en el once y, finalmente, se adueñó del rol con una naturalidad que habla de comprensión del juego y personalidad competitiva. Encadena cinco titularidades consecutivas en Liga, ha completado los noventa minutos en los tres últimos encuentros del torneo regular y el Celta ha encontrado con él una estabilidad que trasciende el marcador. Su presencia ordena, equilibra y aporta continuidad, incluso en contextos de máxima exigencia.
Lo que distingue a Miguel Román no es solo su capacidad para sostener al equipo sin balón, sino su lectura del ritmo de los partidos. Interpreta cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo asumir riesgos y cuándo simplificar. No necesita dominar el juego desde la exhibición técnica, sino desde la toma de decisiones. En Balaídos ya se le reconoce como el futbolista que “lleva la batuta”, una figura de mando silencioso que permite al colectivo funcionar con mayor coherencia táctica.
La actuación ante el Valencia fue la síntesis perfecta de su momento. Titular indiscutible, jerarquía durante los noventa minutos y sensación permanente de control en la medular. No fue una actuación puntual, sino la confirmación de una línea ascendente que venía de diciembre, con partidos de peso ante el Athletic y el Real Madrid en los que no se encogió ni un solo segundo. En escenarios grandes, respondió como si llevara años en la élite.
Su consolidación ha tenido, además, efectos colaterales en la planificación deportiva. La competencia interna se ha redefinido y el club ha tomado decisiones coherentes con la nueva realidad del centro del campo. La salida de Damián en forma de cesión al Racing no se explica sin el crecimiento de Román, que ha reducido espacios y ha clarificado jerarquías.
Miguel Román ya no es una promesa en desarrollo, es un futbolista que ha entendido que la fiabilidad es la forma más rápida de mandar. Y en el Celta de Giráldez, ese liderazgo sereno ha cambiado la estructura del equipo y ha dejado de lado las rotaciones.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

