
En el Atlético de Madrid de Simeone todo suele tener un sentido, una lógica interna que no siempre es bella, pero casi siempre es eficaz. La defensa, ese santuario donde se forjan carreras y se arruinan vocaciones ofensivas ajenas, acostumbra a ser un mecanismo de precisión suiza. Por eso llama tanto la atención Matteo Ruggeri. Mientras Marcos Llorente multiplica pulmones, Pubill crece con jerarquía y Hancko ofrece solvencia allá donde lo coloquen, Ruggeri aparece como ese actor secundario que entra en escena cuando no toca… y provoca los nervios de la afición colchonera y la sonrisa pícara del público rival.
El italiano llegó desde el Atalanta con etiqueta de jugador moderno, polivalente y con recorrido. Costó dinero, firmó largo y se presentó como una solución. A enero de 2026, es más bien un interrogante con botas. Trece partidos de Liga, más de 700 minutos y una estadística ofensiva que parece escrita en invisible: ni un gol, ni una asistencia, ni siquiera la sensación de peligro. El futbolista que está en las antípodas de Filipe Luis. Defiende con dudas, ataca con timidez y corre como si el césped tuviera pendiente en su contra. Y no es que falle siempre; es que cuando acierta, parece accidental.
El partido de Anoeta fue su obra cumbre… en clave de humor negro. Take Kubo lo convirtió en un ejercicio práctico de relatividad: Ruggeri siempre llegaba tarde, pero convencido. Amarilla temprana, despejes fallidos, giros torpes y una banda izquierda convertida en agujero negro. Simeone, que rara vez se rinde a la evidencia antes del descanso, no tuvo más remedio que hacerlo. Cambio al descanso y silencio elocuente. No fue castigo; fue misericordia.
Lo más llamativo no es que Ruggeri no rinda, sino que lo haga en un equipo donde casi todos lo hacen. En un Atlético que exprime a futbolistas, él parece resistirse a ser exprimido. Como si jugara a otro deporte, con otras normas y otro ritmo. De ahí el humor: no el cruel, sino el absurdo. El del jugador que, en una defensa diseñada para el sufrimiento ajeno, sufre él mismo.
Quizá mejore, quizá se adapte, quizá el tiempo le dé la razón. Pero hoy, mientras el sistema funciona y los demás sostienen el edificio, Ruggeri es el andamio que cruje. El eslabón débil. El toque cómico de una defensa que, paradójicamente, sigue siendo cosa muy seria.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

