
Getafe CF y Real Sociedad se midieron en el Coliseum en un duelo de alta tensión, más cercano a la supervivencia que al lucimiento. El contexto exigía sangre fría y convicción: el Getafe, atenazado por las urgencias y con un once que parecía salido de una película de Tim Burton; la Real, obligada a convertir la posesión en ventaja real, con el mismo bloque que había empatado ante el Atlético. Lo que funciona, Matarazzo no lo toca.
La noche se ordenó pronto según el plan txuri-urdin. Con la pelota como eje, con tramos largos por encima del 67 %, la Real administró tiempos y espacios con paciencia de orfebre, aguardando la grieta. Llegó en el minuto 36, cuando Brais Méndez cazó el instante y lo convirtió en obra: derechazo desde la frontal, vuelo limpio y ángulo imposible. Gol de talento puro, ante el que nada pudo hacer David Soria.
El Getafe, no obstante, nunca se rinde. El equipo de José Bordalás resistió con un once de remiendos y el corazón intacto. Mordió en cada duelo, sobrevivió a las oleadas y esperó su oportunidad. La encontró en el 90: falta de Luis Milla, prolongación aérea y la sangre fría de Juanmi para firmar un empate que estalló como un grito de rebeldía. La épica parecía posible.
Todo parecía encajar con justicia poética, pero el fútbol no siempre concede finales esperados. En el 96, a la desesperada, un córner bien servido por Takefusa Kubo encontró a Jon Aramburu elevándose por encima de todos. Cabeceó al fondo y escribió el desenlace: victoria visitante en el último suspiro, oxígeno puro para la Real. El Getafe se quedó en la orilla, con la cabeza alta y el alma rota, reflejo del carácter de su entrenador; la Real escapó del precipicio con alivio y celebró el primer triunfo de la era Matarazzo.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

