Los motivos de la salida de Xabi Alonso: entre el ultimátum prolongado y la renuncia íntima

El punto de ruptura entre la exigencia inmediata y la fe en el proyecto

Tomy Gavaldá
Por Tomy Gavaldá CEO y redactor Lunes, 12 de enero del 2026 a las 20:45

La marcha de Xabi Alonso del Real Madrid, anunciada este 12 de enero de 2026, no puede explicarse desde un único foco ni reducirse a un resultado concreto, aunque la derrota en la Supercopa ante el Barcelona actuó como detonante definitivo. Su salida nace de un terreno más complejo, más incómodo y más humano: el punto exacto en el que el club comenzó a deslizar un ultimátum no verbalizado y el entrenador, poco a poco, empezó a sentir que ya no tenía fuerzas para sostener el pulso.

Xabi llegó al banquillo del Bernabéu con un crédito ganado a pulso y una idea reconocible. Orden, estructura, control emocional y una identidad colectiva que había llevado al Bayer Leverkusen a cotas históricas. Sin embargo, el Real Madrid no es un laboratorio táctico, sino una maquinaria diseñada para ganar de inmediato y controlar muchos egos. Allí, las ideas necesitan resultados urgentes y las jerarquías pesan tanto como los esquemas. Pero en estos ocho meses, el equipo nunca terminó de reconocerse en el espejo que le proponía su entrenador. No fue un problema de conocimiento, sino de asimilación. El juego osciló, la identidad se diluyó y el proyecto quedó atrapado entre lo que debía ser y lo que el entorno exigía.

Ese vacío táctico abrió la puerta a un desgaste interno constante. No hubo una rebelión abierta, pero sí fricciones persistentes, decisiones cuestionadas y gestos que erosionaron la autoridad del técnico. La gestión de los grandes nombres, especialmente en ataque, se convirtió en un campo minado. Integrar talento no siempre significa armonizarlo, y el encaje entre Vinícius, Mbappé y Bellingham nunca alcanzó una continuidad que sostuviera al equipo en los momentos clave. Cada ajuste era interpretado como una cesión o como un desafío.

Las lesiones, especialmente en la línea defensiva, terminaron por asfixiar cualquier margen de maniobra real. Semana tras semana, Xabi se vio obligado a rehacer el once, a corregir sobre la marcha, a resistir más que a construir. Cada partido era un ejercicio de supervivencia táctica, no de desarrollo. En ese contexto, comenzó a percibir que el respaldo institucional no era absoluto. El club confiaba, sí, pero desde la distancia, con la mirada evaluadora de quien espera una reacción inmediata. Y, sin embargo, la confección de la plantilla tampoco ayudaba: faltaba equilibrio, faltaba continuidad y, sobre todo, faltaba un cerebro en el centro del campo. La paradoja fue cruel. Un entrenador que había brillado como brújula dentro del juego se encontró dirigiendo a un equipo sin una pieza capaz de ordenar, pausar y dar sentido al rumbo colectivo.

Así se fue apagando la convicción. No por derrota, sino por acumulación de episodios adversos: identidad, juego, egos, bajas. El entrenador entendió que su mensaje ya no calaba como al inicio. El club asumió que el proyecto no avanzaba. Y en ese cruce de silencios, ambas partes optaron por un acuerdo elegante, casi inevitable.

No fue un adiós abrupto. Fue una retirada consciente. Entre el ultimátum que nunca se pronunció y la bajada de brazos que nadie quiso admitir, se cerró la etapa de Xabi Alonso en el Real Madrid. Un final sobrio, consensuado y profundamente revelador de lo que significa entrenar al club más exigente del mundo.

Tomy Gavaldá

Tomy Gavaldá

CEO y redactor

CEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.