
El Real Madrid regresó al Santiago Bernabéu con el orgullo magullado y el gesto torcido. Los fracasos recientes en Supercopa y Copa habían dejado cicatrices visibles y el estreno liguero en casa de Álvaro Arbeloa se abrió con una pitada sonora, casi un ultimátum hacia la presidencia y el palco. El Levante, sin complejos, olió la sangre y asumió el mando durante muchos minutos de una primera parte impropia del escudo blanco.
El Madrid fue un equipo espeso, desordenado, con la grada señalando y los pañuelos como telón de fondo. Los granotas avisaron con disparos lejanos y llegadas limpias al área que no encontraron remate final. La ocasión más clara del local llegó en un cabezazo de Jude Bellingham tras un envío largo, neutralizado por un inspirado Mathew Ryan. El descanso no trajo consuelo: bronca general y la sensación de que el partido pedía algo más que paciencia.
Tras el intermedio, Arbeloa agitó el tablero y la entrada de Arda Güler encendió la chispa. El Madrid ganó altura y ritmo, y en ese nuevo escenario apareció Kylian Mbappé. El francés atacó el espacio, fue derribado en el área tras un penalti dudoso y asumió la responsabilidad desde los once metros con frialdad para abrir el marcador. El gol no fue brillante, pero sí liberador.
El segundo llegó pronto y con sello de cantera. Centro tenso de Güler desde la derecha y salto imperial de Raúl Asencio, que cabeceó con potencia, máscara incluida, para firmar un tanto que cerró el partido y serenó el ambiente. El Levante se fue apagando y el Madrid administró la ventaja sin alardes, consciente de que aún queda camino por recorrer.
El triunfo permite a los blancos acercarse al liderato, con el Barcelona aún pendiente de su compromiso. No fue una noche para la épica, pero sí para empezar a cicatrizar. A veces, ganar también es una forma de curarse.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.



