
El Atlético de Madrid salió vivo del RAMS Park, pero con secuelas. En el estadio donde el Galatasaray suele convertir cada partido en una caldera a presión a prueba de supervivencia, el equipo de Simeone firmó un empate que sabe a advertencia: 1-1 y la clasificación directa para octavos queda pendiente de una última jornada sin margen de error.
El inicio fue exactamente lo que el Atlético había soñado. Apenas en el minuto 4, una transición limpia rompió la presión turca: Thiago Almada condujo con criterio, Ruggeri ganó profundidad por la izquierda y puso un centro medido al corazón del área, donde Giuliano Simeone se elevó con convicción para cabecear abajo y silenciar momentáneamente el infierno turco. Gol temprano, control emocional y la sensación de que el partido podía jugarse lejos del vértigo.
Pero la calma fue breve. El Galatasaray subió líneas, comenzó a presionar alto y, sin necesidad de grandes elaboraciones, encontró el empate en una acción tan simple como determinante. En el minuto 20, Sallai desbordó por la derecha y centró raso al segundo palo. Marcos Llorente, en su intento de anticipar, resbaló y empujó el balón hacia su propia portería. Autogol, igualdad y un cambio radical en el pulso emocional del encuentro.
A partir de ahí, el Atlético empezó a jugar demasiado cerca de Oblak. Osimhen fijó centrales, Torreira impuso ritmo en la medular y el equipo turco cerró la primera parte empujando, sin grandes ocasiones, pero con una sensación de dominio progresivo mientras Julián Alvarez seguía desaparecido.
La segunda mitad fue un ejercicio de resistencia. El Atlético tuvo su mejor opción en el minuto 65, en un lanzamiento de falta directa de Griezmann que obligó al meta local a una intervención de alto nivel. Fue un destello aislado. El Galatasaray monopolizó la posesión, cargó el área con centros y remates de Osimhen, y obligó a Oblak a intervenir con continuidad.
En el descuento, el portero esloveno firmó la acción que define la noche: una parada a bocajarro, instintiva, que sostuvo un empate más útil para la estadística que para la confianza. El Atlético no cayó en el infierno de Estambul; lo fabricó desde dentro, entre el repliegue prematuro, la falta de efectividad y claridad arriba y el error propio. Ahora deberá salir de él sin margen para equivocarse.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.



