
Entrar en el Atlético de Madrid de Diego Simeone no es un simple cambio de camiseta: es atravesar un umbral. Para muchos futbolistas supone, más que una adaptación táctica, una reeducación completa del instinto. El “laberinto del Cholo” no es solo una metáfora estética, sino una realidad que abarca conceptos tácticos, físicos y de filosofía futbolística: un sistema de pasillos estrechos, decisiones rápidas, sacrificio constante y una disciplina que reordena el talento hasta, en algunas ocasiones, reconvertirlo al gusto del entrenador. Álex Baena, hoy, parece uno de los últimos nombres atrapados en ese recorrido sinuoso.
En Villarreal, Baena era un jugador de campo abierto, de intuición libre, de creatividad casi natural. Siete goles y nueve asistencias en la temporada anterior no eran cifras aisladas, sino la consecuencia lógica de un ecosistema que potenciaba su perfil: recibir entre líneas, girar, conducir, elegir, con un guante en el pie que le situaba entre los mejores asistentes del continente. En el Atlético, sin embargo, su fútbol se ha visto comprimido. Dos goles y una asistencia en Liga y cero aportaciones en Champions cuando llevamos la mitad del curso. Las estadísticas describen una caída abrupta y una erosión lenta, casi invisible, de su influencia.
El laberinto se manifiesta también en su participación en los dos últimos partidos. Ante el Alavés entró desde el banquillo y estrelló un disparo en el poste: una acción que resume su temporada, talento intacto pero condenado al margen. Frente al Galatasaray volvió a repetir suplencia y participó, corrió, presionó, tocó, pero sin alterar el destino del partido. Baena ya no es el centro de creación del equipo como lo era en Villarreal, sino una figura que transita por el césped y aporta destellos puntuales de brillo que se diluyen por el exceso de exigencias táctico-defensivas.
Porque adaptarse a Simeone implica asumir una metodología que va más allá del esquema. Es entender cuándo correr sin balón, cuándo no recibir, cuándo desaparecer para que el sistema respire. Algunos lo asimilan y elevan su rendimiento: se transforman. Que le pregunten a Pubill. Otros no terminan de encajar y acaban saliendo, devorados por la lógica del engranaje. El Atlético es una máquina de precisión emocional y física, y no todos los talentos sobreviven al proceso.
Baena, ahora, deambula dentro de ese laberinto. Busca su sitio entre conceptos, automatismos y una competencia feroz con Thiago Almada, que lo ha desplazado hacia la suplencia momentáneamente. El problema no es solo que juegue menos, sino que juega distinto: menos libre, menos determinante, más funcional. En el laberinto del Cholo no basta con encontrar la salida; hay que hacerlo sin perder la identidad. Y ese, para Baena, es hoy el verdadero desafío.

Tomy Gavaldá
CEO y redactorCEO y administrador de FutbolFantasy.com desde 2011. Programador informático y desarrollador de aplicaciones multiplataforma. Redactor jefe, community manager y streamer.

