
Alex Freeman llegó en enero desde Orlando City, por unos 3,5 millones de euros, como una apuesta de futuro, pero la Liga ya le ha exigido presente. La lesión de Santiago Mouriño en Oviedo, una fuerte contusión en el tobillo con giro de rodilla, le abrió una puerta que el estadounidense ha atravesado con personalidad. Marcelino no quiere precipitar el regreso del uruguayo y el canterano de la MLS tendrá más oportunidades en esta recta final: el club le considera un activo importante y entiende que necesita minutos para acelerar su adaptación.
Su primera aparición reciente fue casi de emergencia, en el Carlos Tartiere. Entró en el minuto 78, con el partido espeso y poco margen para dejar huella. Cumplió, protegido por un contexto que invitaba más a cerrar la banda que a inventar. Tres días después, ante el Celta en La Cerámica, el escenario cambió por completo: titularidad, noventa minutos y una actuación que elevó la conversación.
Freeman firmó 50 pases buenos de 52, ganó sus cinco duelos, completó dos regates, sumó dos intercepciones, seis despejes y seis recuperaciones. Más allá de la cifra, dejó una acción que retrata su noche: un cruce en el área, limpio y oportuno, que evitó una ocasión clarísima del Celta. La prensa le situó entre los mejores, AS destacó su seguridad, fortaleza y criterio, y la afición respondió con entusiasmo en redes, especialmente desde el entorno estadounidense.
Por perfil, Freeman encaja en el lateral moderno: 1,88 metros, potencia física, buen juego aéreo, pase interior y capacidad para progresar. En el Villarreal de Marcelino se le pide más pausa defensiva que proyección ofensiva, y ahí ha mostrado madurez. Mouriño sigue siendo una pieza valiosa, pero Freeman ha dejado de ser una solución puntual. Se ha ganado sitio, mirada y minutos.

Tomy Gavaldá
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