El Rayo de Paco Jémez llega a Granada en pleno debate por el estilo directo de Caparrós.

El Granada CF tiene ante sí el primer compromiso trascendental del campeonato. Lejos de lo que se podía esperar en un principio, sucede pronto, en la jornada 8. Después de un buen comienzo de Liga donde los resultados habían camuflado cierto aire de decepción por el juego del equipo (especialmente tras la victoria en San Mamés), tres derrotas consecutivas han destapado ante el público los síntomas del aburrimiento.
En el estrado comparece toda la filosofía de Caparrós. A Jeison Murillo se le escapó, pese a su cautela cada vez que aparece ante un micrófono, una estrategia que se limita a buscar, desde la línea defensiva, a los hombres más adelantados. La grada no maneja los eufemismos y traduce ese desliz en la denostada práctica del ‘pelotazo’ demandada desde el vestuario por el entrenador.
Para el encuentro, Caparrós tiene la baja de Machís, pero cuenta con Piti. Era legítima la sospecha de que, después de las palabras del catalán en su rueda de prensa, Caparrós podía darle un tirón de orejas y dejarle en la grada. Por lo pronto estará en el césped. Probablemente de titular. Caparrós ha decido cerrar la puerta y resolver los problemas sin que le escuchen los vecinos. Ha dejado fuera a Isaac y llama de nuevo a Sulayman, un canterano que tiene todas las papeletas de acabar siendo un fijo en este equipo. A Caparrós se le intuyen las ganas y al futbolista talento. Ahora queda comprobar si su juventud no le hace temblar las piernas cuando Caparrós le saque al campo. Lo hará. Para asuntos de cantera Caparrós sí que gusta a todo el mundo.
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