
No es una novedad. Una sesión más de trabajo, Paco Herrera no disminuyó ni un ápice la intensidad. En la jornada de ayer, el técnico catalán volvió a exigirle a sus jugadores dos conceptos vitales en su bitácora: rápida circulación del balón y fuerte presión para recuperar la posesión.
Y es que el preparador amarillo quiere erradicar la versión de la segunda mitad en Tunte, donde el equipo pecó de excesiva conducción y de retener el esférico. Por ello, durante toda la jornada matinal, hizo hincapié en ejercicios a dos toques en espacios muy reducidos, los cuales siguió el propio Herrera desde muy cerca. La plantilla dividida en varios grupos, cuando no ensayaba con Herrera, disputaban un partidillo a campo reducido.
«Balón, balón. Hay que tocar rápido», gritaba el preparador catalán en el silencio del Estadio Municipal de Maspalomas. No conforme con ver como alguno de los reducidos grupos tocaba el esférico con fluidez, inmediatamente volvía a alzar la voz para pedir intensidad defensiva a sus hombres y corregir sus posiciones. «Todos juntos. Hay que cerrar la línea de pase. Si no tapamos, nos van a pegar un meneo, no la vamos a oler», vociferaba el técnico mientras comentaba las acciones con su segundo, Ángel Rodríguez.
La intensidad fue máxima y Christian Fernández y Sergio Araujo dieron el susto al recibir dos entradas durante la realización de los ejercicios. Sin embargo, simplemente fue el golpe y pudieron completar el trabajo sin ningún tipo de problemas. El que sí que continúa al margen de sus 26 compañeros es Vicente Gómez, quien paulatinamente va aumentando las cargas de trabajo con Jesús Suárez, el readaptador.
Después de haber disfrutado de la tarde del martes libre, los futbolistas amarillos volvieron ayer a entrenarse en una sesión doble. Tras varios días sin pisar el Campo Internacional de Golf de Maspalomas, el recinto de San Bartolomé de Tirajana fue el escenario de la jornada de tarde. Hoy, Paco Herrera tiene previsto el mismo guión. Y, como corresponde a estas fechas, a pleno pulmón y sin ceder lo más mínimo. A su perfeccionismo une ahora un listón imponente.

