
Suponía el tercer partido de Bóveda como central, esta vez ante un Villarreal que suponía un envite vital por la cuarta plaza. El primero fue ante el Eibar, quizás por el componente sentimental, el segundo ante el Barça en la vuelta de la Copa en el Camp Nou. Ante el equipo pilotado por Marcelino García Toral le tocó bailar con gente de calidad como Soldado, y Denis Súarez, y pasó con sobriedad por tan exigente papeleta, con los lógicos desajustes propios de su inexperiencia en la demarcación, pero hábil y veloz en el corte, precisamente lo que le reclama Valverde para hacerle las coberturas a Laporte. Mientras, Etxeita, al que Luis Suárez le superó, ha perdido peso específico por atravesar un bache, Bóveda, con pico y pala, desde la sombra, sin llamar la atención, con inteligencia, emerge con fuerza pasando por delante de compañeros con más galones como centrales. Elustondo no cuenta y Gurpegi, siempre en su papel, espera su turno echando un cable en la motivación de un vestuario que encaja perfectamente este tipo de giros, aunque, como en el caso del durangarra, fuese inesperado.

